Llega noviembre, oscurece antes de la hora de merendar y de repente nos damos cuenta de lo que la casa llevaba tiempo escondiendo: ese dormitorio que siempre está helado, la corriente que se cuela junto a la ventana, el salón que se queda sin luz a media tarde. Lo curioso es que hay casas que apenas sufren con todo esto. Y no es cuestión de suerte. Gran parte de lo que funciona hoy lo llevan haciendo las casas tradicionales durante siglos, y ahora arquitectos e interioristas lo están recuperando. Algunos consejos, como orientación sur, buenos aislamientos o materiales que guardan el calor están entre las mejores opciones.
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