A mediados de la década de 1970, diversos estudios criminológicos comenzaron a vincular el desorden físico y social con los sentimientos de inseguridad experimentados por una comunidad. Se observó que la actividad delictiva tendía a concentrarse en aquellos entornos donde el abandono social era más acusado. Así, si en una determinada población se rompía un vidrio y este no era reparado, el comportamiento se reproducía con rapidez. La ausencia de respuesta frente a estas manifestaciones...
Ver más en News Today