Los gobiernos de las últimas décadas han consolidado un sistema en el que la clase política disfruta de condiciones de vida, seguridad jurídica y previsiones de futuro notablemente superiores a las de la mayoría de los ciudadanos. Salarios elevados, pensiones privilegiadas, inmunidades procesales y puertas giratorias forman un entramado que reduce el riesgo personal de quienes toman las decisiones. Mientras tanto, amplias capas de la población enfrentan precariedad, inseguridad y una presión fiscal asfixiante. Las causas de este desequilibrio son estructurales e incluyen la falta de límites estrictos a los cargos públicos y el uso de redes clientelares. Fuente: Voto en Blanco
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