11N: los barrios para vivir, la pública para aprender

Fuente: El Diario de la Educación · sociedad · nacional, España

11N: los barrios para vivir, la pública para aprender

A principios de curso, suelo pasar un pequeño cuestionario a mis alumnos y alumnos con algunas preguntas que me permitan conocer un poco de sus vidas, más allá de la información que consta en su expediente burocrático. Me interesa cómo les gusta que les llame, si tienen una mascota, sus gustos y aficiones. Les pregunto también por sus materias favoritas y las que no les gustan nada, si tienen costumbre de leer alguna cosa o sobre los lugares donde pasan el tiempo cuando salen del instituto. Una de las cuestiones trataba sobre cosas que les gustaría cambiar Y me llamó mucho la atención la respuesta de un alumno de 3º de ESO: “Me gustaría que me dejaran solo y tranquilo”. Busqué un momento para charlar con él y me contó que vivía en un piso con sus abuelos, su madre, su tía, sus primos pequeños, su hermana mayor con su novio y una sobrinita que acababa de nacer. Sin un espacio propio donde estudiar, leer, jugar o simplemente descansar, cuando necesitaba un poco de intimidad, salía al rellano de la escalera. Ahora sí, comprendí su respuesta en toda su dimensión. Es importante acercarnos a la realidad del alumnado, no solo porque la empatía es una cualidad imprescindible de nuestra profesión, sino porque las circunstancias materiales tienen un impacto directo en el desempeño académico y el desarrollo personal en la infancia y la adolescencia. Las condiciones habitacionales que me contaba mi alumno no son generalizables, pero dan una idea de la realidad de muchas familias de Andalucía y de otros territorios. Para poner la situación en contexto, en Andalucía alrededor del 24% de los hogares sufre inseguridad habitacional , es decir que casi una de cada cuatro familias no cuentan con un lugar adecuado, seguro, estable y asequible para vivir. El coste de la vivienda empuja a la pobreza a casi la mitad de las familias que viven de alquiler y a una cuarta parte de las hipotecadas, a pesar de tener un empleo activo. Y así, según el último informe del Observatorio de la Infancia y la Adolescencia de Andalucía, el 36,9% de menores se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social . La inseguridad habitacional se refleja en una enorme diversidad de situaciones que afectan gravemente a la infancia y la adolescencia. El alza de los precios de la vivienda obliga a las familias a dedicar un porcentaje cada vez más alto de sus ingresos al alquiler o la hipoteca, a trabajar más horas o aceptar varios trabajos para tratar de asumir el gasto creciente. Como consecuencia, son muchos los niños y niñas que se crían en un entorno de ansiedad, tensión y prácticamente solos, pues sus familias pasan gran parte del día trabajando para pagar el alquiler y la hipoteca, sin alcanzar a cubrir otras necesidades como una alimentación saludable, protección frente al frío y el calor o actividades de ocio y disfrute. Si las carencias materiales son importantes, aún lo es más la ausencia de verdadera conciliación que impide pasar tiempo de calidad en familia y dificulta generar lazos afectivos. Tampoco es posible muchas veces, por más que se quiera, apoyar a los menores en sus tareas escolares, acudir a tutorías o participar en el AMPA y en las actividades de colegios e institutos, lo que a veces se confunde con desinterés o dejadez. Entre el 70% y el 80% de las familias que sufren un desahucio tienen menores de edad a su cargo El escenario descrito se agrava si nos referimos a menores vulnerables, como quienes tienen alguna discapacidad o necesidades educativas especiales y a la infancia de origen migrante . Estas familias sufren, además, las dificultades derivadas de su situación administrativa, la falta de redes sociales amplias y también, la xenofobia y el racismo. A los problemas generales provocados por la crisis de la vivienda, las familias migrantes suman otras: miedo e inseguridad legal, prejuicios y rechazo de los arrendadores o necesidad de hacinarse en pisos compartidos, entre otras. El exponente máximo de la crisis habitacional son los desahucios y,

🔗 Leer la noticia completa en El Diario de la Educación

Ver más en News Today