Manda BalonES: Morante, Butragueño y el arte de manejar el tiempo

Fuente: Soy Madridista · cultura · Madrid, España

Manda BalonES: Morante, Butragueño y el arte de manejar el tiempo

Hoy, y permítanme ustedes, este Manda BalonES no va solo de deporte, pero también. Va de Arte. Es una mezcla de balones y de capotes. Este domingo, ya lo saben porque la tauromaquia, que dicen que no le interesa a nadie, abrió todos los espacios informativos de este país, Morante de la Puebla se cortó la coleta . José Antonio Morante Camacho nos dijo adiós y, de repente, el segundero del reloj volvió a correr. Porque si algo marcó el arte de Morante, el genio de las farrucas (para no madrileños, las patillas), y más allá de hacer del albero un atronador espacio de arte, de recuperar lances olvidados, de ser capaz de estremecerte con su valor y la verdad, fue el genio de la ‘despaciosidad’, y permítanme el vocablo que, creo, acabo de inventarme. Decía Curro Romero, el Faraón de Camas , que «Todos andan de cabeza porque hay una trampa en el mundo: la velocidad. El que caiga en ella ya no se escapa». Todo se hacía justo en el tiempo correcto y, como en La Persistencia de la Memoria de Dalí , Morante era capaz de adaptar el reloj y perforarte hasta el alma. Cuando Morante se fue a los medios, se cortó la coleta con ese aire de extraordinaria solemnidad que los genios son capaces de darle a un momento que solo él sabe que será histórico, decía que el segundero volvió a correr. Porque mi memoria, que ya empieza a flaquear más de lo que me gustaría, pensé en las únicas personas que recuerdo que lograban lo mismo. Una fue Michael Jordan , a quien le llamaban Air por su dominio del espacio aéreo en unos brincos que desafiaban todas las leyes de la física y de la temporalidad. La otra era un chico rubio, de pelo ensortijado y aspecto de querubín que revolucionó el fútbol español al convertirse en el amo y señor del reloj. Ese rubio se llama Emilio Butragueño . Y cuando era jugador y no el rey del «córcholis», cada vez que recibía el balón, el tiempo se frenaba en seco. El Buitre bajaba los brazos, con los adversarios petrifícados y el público absorto , en unas décimas de segundo que parecían horas, días, semanas, tal vez meses. Y entonces, Butragueño arrancaba con una genialidad que nos dejaba a todos alucinados. Entonces, el fútbol español era Furia y él nos descubrió la importancia de la despaciosidad . Morante, en su carrera escenificando el Arte de Cúchares, cogía el capote y la muleta y así, des-pa-ci-to, redescubrío la tauromaquia y fidelizó a una legión de jóvenes aficionados. Escribió el Premio Nobel de Literatura Jaroslav Seifert que «Recordar es la única manera de detener el tiempo». Eso es que no conoció ni a Butragueño ni a Morante.

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