Este miércoles a primera hora de la mañana, el presidente del Gobierno compareció ante las cámaras de televisión, que no ante los medios, para poner el colofón a la renuncia anunciada por Óscar Puente la noche anterior, a la hora del telediario. Y se expresó en su mejor estilo, o sea, mintiendo: «Decidió renunciar a su cargo (no lo decidió él, se lo decidí yo) primero por empatía con las víctimas (qué empatía con las víctimas, a las que no citó en las cuatro horas anteriores y a las que no visitó en los hospitales) y por coherencia (al final hizo lo que había negado durante los seis días anteriores). Ha demostrado, en primer lugar, a las víctimas el enorme respeto que la sociedad y, por supuesto, su Gobierno sienten por ellas (¿Acaso el silencio no es una forma de respeto?). En segundo, que no todos los servidores públicos somos iguales (ciertamente, no todos los gestores descarrilan trenes). Con su renuncia, Óscar ayuda a que España recupere la confianza no solo en nuestro sistema ferroviario, sino también en la dignidad política». Recuperar la confianza en el sistema ferroviario, dice el pollo. Por si acaso, él no viajó en AVE al World in Progress 2026 que se celebraba en Barcelona, fue en Falcon, aunque no debamos sacar conclusiones precipitadas de ello. Su elección de medio de transporte no revela preferencia, sino más bien costumbre. Recuerde el alma dormida que ya en sus primeros compases en Moncloa, el 30 de junio del 18, viajó en un helicóptero Super Puma a la boda de su cuñado en la localidad riojana de Aldeanueva de Cameros. Quizá le pareció excesivo construir un aeropuerto para que pudiera aterrizar el Falcon. O es que no le daba tiempo, que yo ya no sé. Sí me llamó la atención entonces la negativa del Gobierno a proporcionar datos sobre el viaje, la compañía, etc., quizá porque en el acompañamiento iba el gran Sabiniano, padre del novio y destacado empresario de las noches golfas madrileñas. Es un disparo al aire, pero es razonable pensar que aprovecharon el viaje y no obligaron al suegro del presidente a viajar por sus propios medios hasta La Rioja para asistir a la boda de su propio hijo. Veinte días después viajó en Falcon al Festival Internacional de Benicassim en compañía de aquí, su señora, para asistir a un concierto del grupo The Killers. En este viaje es más que probable que no les acompañara Sabiniano, pero es otra presunción. Cabe suponer que solo por edad el finado sería de gustos más clásicos. Me llama particularmente la atención la última frase del presidente: Óscar ayuda a que España recupere la confianza no solo en nuestro sistema ferroviario, sino también en la dignidad política. La dignidad política que le atribuye Sánchez es la de haber impuesto la escatología en el lenguaje del Gobierno. Él le decía en X a Vito Quiles: «Te lo voy a volver a explicar, saco de mierda». Es el mismo tipo que rebautizó a este diario en el que escribo como «The Ojete» y que escribía lo que sigue a propósito de Fernando Savater y de este medio: «No está de más recordar que en este contenedor de porquería, es en el que ha acabado Savater. ¿Se puede acabar peor una carrera? Es casi imposible». Hombre, claro que se puede acabar peor, pensemos en un ministro que remata la suya con 116 muertos a la espalda. También intervino en RNE, septiembre de 2026, para asegurar que «la puta Renfe» no siempre tiene la culpa de las demoras en los trenes. En el lenguaje puentista, ‘puta’ tiene para Renfe una connotación admirativa, como tenía ‘puto’ para Pedro, su ‘puto amo’. Y sí, su dimisión contribuye a recuperar la confianza en nuestro sistema ferroviario apartando de los trenes al ministro que ha tenido bajo su responsabilidad política: 116 muertos, 250 accidentes, 50 descarrilamientos, casi 1.000 averías técnicas y hasta 45.000 trenes con retrasos graves. Todo con él como ministro de Transportes. Su ausencia contribuirá a aumentar la confianza, qué duda cabe, aunque no convenga dar nada por sentad
También lo cubren: El Liberal.
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