Acumular excesiva grasa corporal no es exclusivamente un problema estético. Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad constituye un importante factor de riesgo para diversas enfermedades crónicas, entre ellas las cardiovasculares, la diabetes y otros trastornos metabólicos, contribuyendo a una disminución de la calidad de vida de las personas, sobre todo, a edades avanzadas, en las que dispara el riesgo de mortalidad . Y no solo eso: el exceso de tejido adiposo genera un estado de inflamación crónica y oxidación, lo que aumenta el riesgo de deterioro cognitivo . De hecho, hay evidencias suficientes para afirmar que la obesidad acelera el envejecimiento biológico . No hay mejores aliadas para el estudio de la obesidad que las ratas, que comparten numerosas similitudes anatómicas, fisiológicas y genéticas con los seres humanos. Entre las cepas con tendencia a la obesidad se incluyen las ratas Wistar fatty; las ratas Koletsky, espontáneamente hipertensas y obesas; las ratas Dahl, obesas y sensibles a la sal; las ratas enanas deficientes en hormona del crecimiento ( dw/dw ); y las ratas Zucker, a la vez diabéticas y obesas (ZDF). Estas últimas protagonizaron una investigación reciente en la que se comprobó que, junto al aumento del peso corporal, los ejemplares obesos presentaban anomalías en el peso de los órganos (bazo, timo e hígado, en particular), así como una respuesta inmunitaria y adaptativa deterioradas. En concreto, la obesidad se acompañaba de una capacidad limitada de producir linfocitos para defenderse ante las infecciones. Además, la inflamación se veía favorecida por una regulación celular alterada. Concretamente, estaba reducida la secreción de moléculas que ayudan a coordinar la respuesta defensiva por parte de los linfocitos de los distintos órganos (interleuquinas 2 y 10), a la vez que se producía más cantidad de una molécula inflamatoria llamada factor de necrosis tumoral α. Paralelamente, estos roedores obesos mostraban un alto estrés oxidativo, debido a un desequilibrio entre moléculas oxidantes y antioxidantes celulares. En suma, el experimento reveló que la obesidad genera en el organismo complejas interacciones que provocan alteraciones metabólicas estrechamente ligadas al envejecimiento de la respuesta inmunitaria, a la inflamación y a un desequilibrio oxidativo peligroso. Aunque había estudios previos realizados en ratas Zucker fa/fa, se centraban en aspectos aislados de la disfunción asociada a la obesidad, abordando aisladamente funciones inmunitarias y mediadores inflamatorios. El nuevo trabajo ofrece una visión integral de las complejas interacciones que subyacen a la inmunosenescencia asociada a la obesidad, valorando simultáneamente múltiples funciones inmunitarias innatas y adaptativas, además de parámetros bioquímicos ligados a la oxidación en diversos tejidos relevantes, incluidos el bazo, el timo, el hígado y los leucocitos peritoneales. Read more: ¿Se puede estar delgado y tener obesidad? La inmunosenescencia acelerada y el estrés oxidativo e inflamatorio observados en las ratas Zucker obesas fa/fa adultas son mecanismos propios del envejecimiento biológico . En el caso de los roedores del experimento, los valores de todos los parámetros analizados eran propios de animales de mayor edad. La obesidad les estaba provocando un envejecimiento prematuro. En el futuro, sería importante seguir profundizando en los mecanismos de interconexión entre la alteración metabólica y la desregulación inmunitaria, además de confirmar la hipótesis de envejecimiento prematuro mediante nuevas investigaciones que aborden otros marcadores de senescencia. En los últimos años, la obesidad se ha extendido de manera alarmante a nivel global, duplicándose el número de adultos que viven con obesidad : del 7 % hemos pasado al 16 % a nivel global . En España, más de la mitad los adultos españoles (más hombres que mujeres) están por encima de su peso recomendado, con una prevalencia de obesidad del 15,2 % y un 3
También lo cubren: Página Principal – The Conversation.
Ver más en News Today