Solo segundos después de asegurar que él no estaba aquí para insultar y tras reivindicar su “experiencia”, el candidato a la presidencia del Gobierno por el PP, Alberto Núñez Feijóo, aseguraba solemnemente el pasado lunes que dudaba que (el Gobierno y los dirigentes del PSOE) fueran “buena gente, porque su actitud -refiriéndose a la gestión del accidente de Urda- es infame, cruel y ruin”, elevando así considerablemente una escalada verbal que la derecha patria ha sido incapaz de modular tras la brutal catástrofe ferroviaria de Urda. Permítanme echar mano del diccionario de la Real Academia para situar el exabrupto oratorio de Feijóo. Según la RAE, “infame” es aquel que carece de honra, crédito, reputación o estimación, perverso, o indigno de aprecio moral. “cruel” sería aquel que se complace en el sufrimiento ajeno, que disfruta haciendo sufrir a otros, de carácter violento o sangriento y por último, dice la Academia que “ruin” es alguien vil, despreciable, que actúa con maldad, hipocresía o falta de dignidad. Todo esto, según el candidato del PP, es lo que son los miembros del Gobierno de Pedro Sánchez en particular y los socialistas en general. Convendrán conmigo que PP y Vox llevan toda la legislatura instalados en una hipérbole permanente que ha envenenado hasta extremos insoportables la convivencia en este país Convendrán conmigo que PP y Vox llevan toda la legislatura instalados en una hipérbole permanente que ha envenenado hasta extremos insoportables la convivencia en este país. Es cierto que el listón ya lo puso muy alto la presidenta de la Comunidad de Madrid, cuando nada menos que en la tribuna de invitados del Congreso de los Diputados, llamó “hijo de puta”, con todas las letras, al presidente del Gobierno. “Superar” aquello de Ayuso se antojaba complicado, pero Feijóo lo ha conseguido y lo ha hecho con los cadáveres del accidente de Urda aún sin enterrar. No sé si ustedes saben que a Núñez Feijóo, se le conoce en su localidad natal de Os Peares, con el apodo de “El Cizaña” que, volviendo a la RAE, viene a significar: “aquello que provoca disputas o siembra desconfianza entre personas”. Estarán de acuerdo en que, dejando a un lado su crueldad, los apodos y motes de nuestros pueblos suelen retratar con bastante acierto a la persona a quien se bautiza con uno de ellos y en el caso de Feijóo, a tenor de su desempeño político, parece que el alias de “El Cizaña” le viene como anillo al dedo. Si queremos utilizar con propiedad los términos dirigidos el lunes por el líder popular al presidente del Gobierno, sus ministros y a la militancia socialista, no hay a nadie a quien le cuadren mejor que al mismísimo Feijóo Si queremos utilizar con propiedad los términos dirigidos el lunes por el líder popular al presidente del Gobierno, sus ministros y a la militancia socialista, no hay a nadie a quien le cuadren mejor que al mismísimo Feijóo. Y es que no se me ocurre nadie más “infame, cruel y ruin”, que aquel que durante años, viajaba, navegaba, pasaba sus vacaciones y pernoctaba en casa de uno de los más conocidos narcotraficantes de Galicia, como es el caso de Marcial Dorado, cuando allá por 1994, miles de familias gallegas sufrían la pérdida de sus hijos, como consecuencia de la droga con la que traficaba el amigo de un Feijóo, quien con toda la cara del mundo, aseguró años después desconocer que su “colega” de vacaciones era uno de los grandes narcos gallegos. “Infame, cruel y ruin” fue sin duda la “gestión” del accidente del Yavkolev 42, el avión contratado por el ministerio de Defensa de Aznar, dirigido por Federico Trillo, en el que perdieron la vida sesenta y dos militares españoles en el siniestro del 26 de mayo de 2003. Las urgencias en echar tierra a aquel suceso, llevaron a una caótica repatriación de cadáveres, entregándose a las familias restos mortales que no eran los de sus deudos e introduciendo en algún féretro los de varias víctimas distintas. “Infame, cruel y ruin” resultó la monstruosa mentira con la que el G
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