Fotomontaje con la certificación B Corp CG La nueva directiva europea contra el greenwashing , cuyas medidas se aplican desde finales de septiembre, pone límites al uso genérico de términos como "eco" o "bio" en la publicidad. Con esto, ya no es posible solo afirmar que algo es sostenible, sino que hace falta acreditarlo con pruebas. Las nuevas reglas han puesto el foco en certificaciones como B Corp, que este año ha renovado oficialmente sus estándares para alinearse a las exigencias de Bruselas. Y es que el distintivo no ha estado exento de polémicas. Desde hace tiempo es blanco de críticas por sus criterios "blandos", falta de controles y por certificar multinacionales "con historiales cuestionados", recuerdan fuentes del sector. De hecho, las voces consultadas apuntan más " a un negocio de sellos" que una acreditación real de sostenibilidad empresarial, lo que se ha visto reflejado en recientes deserciones por parte de varias compañías de su red a nivel internacional. Si en 2025 Dr. Bronner’s y Scrumbles decidieron abandonar el movimiento B Corp, en mayo pasado fue la firma de moda SEP la que tomó el mismo camino. Las tres empresas consideran que la certificación "se ha diluido demasiado" y que ha perdido parte de su capacidad para distinguir a las compañías realmente comprometidas. Sus críticas también se extienden a la adhesión de multinacionales, como Nespresso, pese al impacto ambiental de sus cápsulas de café, o una filial de Nestlé Health Science, cuando este grupo guarda un pasado cuestionado en materia de derechos humanos y daño ambiental. Por otro lado, SEP indicó en un comunicado público que la nueva normativa europea obliga a las empresas a informar con transparencia sobre sus impactos ambientales y sociales, lo que, a su juicio, reduce "el valor estratégico" de las certificaciones privadas y voluntarias. En la misma línea, la compañía agregó que, por su pequeño tamaño, prefería destinar el tiempo y recursos económicos —destinados a renovar la certificación— a remunerar directamente a las más de 1.000 artesanas refugiadas con las que trabaja, en lugar de invertirlos en procesos administrativos. Asimismo, indicó que el sello perdió su utilidad como herramienta de comunicación. En España, la cifra actual de empresas certificadas asciende a 334, de las que el 43% están en Cataluña. El modelo anterior de B Corp fue duramente criticado. De hecho, la propia organización admitió sus limitaciones y, a mediados de 2025, anunció una completa reforma de su sistema de evaluación. Su implantación se ha empezado a hacer efectiva este año. Este sello nació en Estados Unidos en 2006, pero no fue hasta 2015 cuando llegó a España, de la mano de B Lab Spain. El anterior modelo permitía compensar las puntuaciones entre distintas áreas. Es decir, bastaba con alcanzar 80 puntos sobre 200, sin exigir mínimos en aspectos imprescindibles, como la acción climática o los derechos humanos. Esto permitía que empresas con buenos resultados en algunos ámbitos obtuvieran la certificación —pese a mantener puntajes bajos en otras áreas importantes—, alimentando las críticas por posible greenwashing . Desde enero, B Lab ha comenzado a implementar su nuevo modelo de certificación (V2), que introduce dos niveles de evaluación. El primero consiste en cumplir unos requisitos mínimos, mientras que el segundo pide alcanzar estándares mínimos en siete áreas de impacto (derechos humanos, acción climática, propósito con impacto, condiciones laborales justas, gestión ambiental circular, diversidad e inclusión, y ética corporativa). A diferencia del sistema anterior, las buenas puntuaciones en un ámbito ya no pueden compensar las deficiencias en otro. Otro cambio es que el sello pasa de tener una vigencia de tres a cinco años, con una revisión intermedia en el tercer año para comprobar los avances de la empresa y un proceso de renovación al finalizar el periodo. Más allá de eso, la nueva evaluación podría tener importantes consecuencias para la comunidad B
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