Si los científicos que estudian nuestro planeta Tierra se pueden encontrar con descubrimientos inesperados y casi inexplicables, para los astrónomos que investigan el espacio exterior este hecho se puede multiplicar y repetir muchas más veces. Encontrar planetas inusuales, asteroides, cometas y demás estructuras, astros y formaciones que existen de forma natural en el universo, pero que parecen sacados de una película de ciencia ficción, es algo a lo que están más "acostumbrados". Eso no quita que sean descubrimientos increíbles y que ayudan a entender poco a poco que hay en este más allá que parece infinito. Uno de los claros ejemplos de ello es el planeta TOI-561 b, considerado como uno de los más extraños de todo el universo. Descubierto en 2020, TOI-561 b es una de las supertierras más extremas y fascinantes descubiertas fuera de nuestro sistema solar. Ubicado a más de 280 millones de años luz, este exoplaneta orbita alrededor de una estrella similar al Sol pero increíblemente vieja (de unos 10.000 millones de años, el doble de la edad de nuestro Sol). Desde que se detectó por primera vez, los astrónomos no han parado de investigar sobre ella, y ahora un estudio de la Universidad de Waterloo ha demostrado por qué se le considera tremendamente extraño. Se trata de un exoplaneta rocoso con una esfera entera de magma fundido que asemeja mucho a cómo era la Tierra en su etapa primitiva y mucho más frío de lo que los científicos esperaban. Y esto se debe a una razón sorprendente, su atmósfera contiene nubes densas que protegen la superficie de la radiación solar. Estas nubes parecen estar formadas por rocas que actúan como un filtro solar que mantienen una temperatura constante 1.800 °C, cuando según las estimaciones, el planeta debería rondar los 2.700 °C.
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