Socialpedrocracia versus Albertocracia

Fuente: Mundiario · sociedad · nacional, España

Socialpedrocracia versus Albertocracia

Lo que acabe siendo sonará tras el recuento de votos el 29-N . Por ahora, solo se detecta un sutil ambiente prebélico de guerra fría, híbrida, fratricida, en una socialpedrocracia que ha permanecido ocho años de okupa en el hogar dulce hogar que, durante 147 años, había sido propiedad del genuino Partido Socialista Obrero Español. Son todavía tan recientes, tan traumáticas, las imágenes del desalojo de Maricarmen que provocaron la entrada en erupción volcánica de eso que llaman progresismo, que le resulta a uno inconcebible la indiferencia con la que se está contemplando el desahucio, a cámara lenta, con nocturnidad y alevosía, de aquel PSOE del genuino Pablo Iglesias, ese otro renovado de Isidoro de Suresnes, en esa sede de la calle Ferraz en la que permanecía como inquilina la socialdemocracia, (¡que en paz descanse!), a la que tanto y tantos estamos echando de menos. En plena recta final hacia un nuevo domingo de intento de resurrección electoral, sin noticias de socialdemocracia, con un centro-derecha hecho jirones, filibusterismos progresistas, veleidades indepes y gente de zona empeñada en mantenerse cara al sol con decrépitas camisas nuevas, espera uno a que llegue ese lunes 30 de noviembre en el habrán ganado los que habrán ganado, habrán perdido los que habrán pedido y, los de siempre, investidos de pueblo soberano, volveremos a ser millones de tontos% de simples espectadores viéndolas venir, echándonos para atrás y dejándolas pasar. Porque, no nos engañemos, este nuevo día después en el que se hayan llenado otras urnas de deseos sobre papel mojado, ganen quienes ganen, todo parece indicar que volverá a recuperar todo su sentido una réplica de aquella frase de Unamuno con el corazón partío: ¡venceréis, pero no convenceréis! ¡Ojalá, ganasen los que ganasen, pudiésemos tener expectativas de quedarnos convencidos!, asunto que debería ser el leitmotiv de esa quimera a la que llamamos democracia! Pero, no sé yo en otros países, oye. En este, al sur de los Pirineos, con muros, socialpedrocracias, extraños compañeros ideológicos de cama conservadores, camarotes Amplios de los Hermanos Marx y parcelas en el norte y el este habitadas por tribus que solo barren para casa, tras cada jornada electoral se inician cuatro años de Carnaval, con millones y millones de ciudadanos disfrazados de demócratas, que me río yo de los multitudinarios carnavales de Río de Janeiro. Con el hambre de democracia al que habíamos llegado a aquel referéndum que puso punto y final a una oprobiosa dictadura, empieza uno a entender la amplitud del significado de esa frase tan recurrente a lo largo de la historia: ¡Dios le da pan a quien no tiene dientes! @mundiario

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