La presidenta del BCE reconoce que los nuevos shocks energéticos y la inteligencia artificial complican las decisiones sobre los tipos de interés y advierte de que será necesario actuar para impedir que la inflación se dispare. La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha advertido de que la economía europea atraviesa una situación especialmente compleja , marcada por el encarecimiento de la energía y la irrupción de la inteligencia artificial. Durante una intervención celebrada este jueves en Milán, la dirigente francesa ha reconocido las dificultades para identificar el origen de las presiones inflacionistas y ha insistido en que la institución debe utilizar sus herramientas para impedir que los precios se descontrolen. El mensaje llega en un momento delicado para millones de familias y empresas europeas , pendientes de las próximas decisiones sobre los tipos de interés. Lagarde ha aprovechado su participación en un encuentro organizado por el Osservatorio, una organización dedicada al pensamiento independiente, para describir los riesgos que afronta actualmente la economía de la eurozona. La presidenta del BCE ha señalado que el shock energético y la inteligencia artificial están actuando en direcciones opuestas , dificultando la interpretación de los indicadores económicos y la respuesta de las autoridades monetarias. El problema no es menor. Mientras el encarecimiento de la energía incrementa los costes de producción y transporte, la inteligencia artificial promete ganancias de productividad que podrían contener determinados precios a medio plazo. Sin embargo, ambas tendencias pueden coincidir en el tiempo y provocar señales contradictorias para los bancos centrales. La principal preocupación de Fráncfort continúa siendo la evolución de los precios. El objetivo oficial del BCE permanece fijado en el 2% , una referencia que la inflación sigue superando. Lagarde ha defendido la necesidad de emplear las herramientas monetarias disponibles para evitar una nueva aceleración descontrolada. El último episodio inflacionista europeo, desencadenado tras la crisis energética de 2022, dejó una enseñanza: los aumentos iniciales de los precios pueden extenderse progresivamente al conjunto de la economía. El riesgo aparece cuando las empresas trasladan sus mayores costes a los consumidores y los trabajadores reclaman incrementos salariales para recuperar poder adquisitivo. Ese mecanismo puede prolongar la inflación incluso después de que desaparezca el shock original. Uno de los elementos más novedosos del discurso de Lagarde ha sido el papel atribuido a la inteligencia artificial. La nueva tecnología puede incrementar la productividad empresarial, automatizar procesos y reducir costes operativos. Pero su despliegue también exige importantes inversiones en centros de datos, semiconductores e infraestructuras energéticas . Esta combinación introduce una dificultad adicional: distinguir los movimientos de precios derivados de restricciones de oferta de aquellos provocados por un incremento de la demanda. La diferencia resulta decisiva. Una inflación impulsada por un exceso de demanda puede responder a unos tipos de interés elevados. En cambio, cuando el problema procede del encarecimiento de los suministros, endurecer la política monetaria puede agravar la desaceleración económica sin resolver el origen del problema. El Consejo de Gobierno del BCE decidió el 29 de octubre mantener sin cambios sus tres tipos de interés oficiales , pese al aumento de los riesgos inflacionistas. La decisión fue unánime y estuvo motivada por la necesidad de recopilar información adicional antes de modificar nuevamente la política monetaria. La institución ya había elevado los tipos en 25 puntos básicos en septiembre , en respuesta a la persistencia de las presiones sobre los precios. Este hecho revela el delicado equilibrio al que se enfrenta el organismo: actuar demasiado pronto podría perjudicar la actividad económica, pero hacerlo d
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