Las estrellas de mar corona de espinas tienen una mala reputación, y no es para menos. Se alimentan de coral vivo y, cuando se multiplican demasiado, pueden destruir grandes extensiones de arrecifes. En Australia llevan décadas intentando controlar sus poblaciones para proteger la Gran Barrera de Coral. Pero resulta que estas estrellas no siempre causan el mismo daño . Un grupo de investigadores de la Universidad de Sídney descubrió que, cuando hay pocos ejemplares, algunas colonias de coral sobreviven a sus ataques e incluso empiezan a regenerarse. El hallazgo plantea una posibilidad que hasta ahora había recibido poca atención: estos animales también podrían ayudar a mantener la diversidad de los arrecifes. Los científicos estudiaron las marcas que dejan las estrellas al alimentarse en One Tree Reef , una zona protegida de la Gran Barrera de Coral donde sus poblaciones son pequeñas. Encontraron que alrededor del 72 % de las cicatrices todavía conservaba tejido coralino vivo en los bordes. Esto significa que las estrellas habían comido una parte del coral, pero no habían destruido toda la colonia. Además, después de 22 semanas, el 26 % de las cicatrices mostraba señales de regeneración. Los investigadores observaron algo más: las estrellas consumían una cantidad relativamente constante de coral en cada comida y después se desplazaban. En lugar de acabar con toda una colonia, dejaban partes vivas que podían seguir creciendo. Claro que esto ocurre en condiciones muy distintas a las de un brote, cuando hay tantas estrellas alimentándose que los corales apenas tienen oportunidad de recuperarse. En un arrecife, los corales compiten por el espacio . Algunos, como los del género Acropora , crecen rápidamente y pueden ocupar grandes superficies. Otros avanzan más despacio y tienen menos oportunidades de desarrollarse. Las estrellas corona de espinas suelen alimentarse de los corales de crecimiento rápido . Durante el estudio, los científicos encontraron que las cicatrices de Acropora permanecían cubiertas por algas, mientras que la regeneración se observó principalmente en corales del género Montipora . Esto les hizo pensar que, cuando hay pocas estrellas, su alimentación podría ayudar a que los corales más rápidos no terminen ocupando todo el espacio. Así, otras especies tendrían más oportunidades de crecer. La idea se relaciona con un concepto de la ecología llamado perturbación intermedia : ciertos cambios, siempre que no sean demasiado intensos, pueden favorecer la diversidad de un ecosistema. Por ahora, los investigadores de la Universidad de Sídney no han demostrado que estas estrellas aumenten directamente la biodiversidad. Pero los resultados sugieren que su presencia, en cantidades reducidas, podría tener una función que no se había tenido tan en cuenta. Todo cambia cuando las estrellas empiezan a multiplicarse. Durante los brotes, miles de ejemplares pueden alimentarse al mismo tiempo y destruir grandes extensiones de coral antes de que tengan oportunidad de recuperarse. La Gran Barrera de Coral ha sufrido cuatro grandes brotes desde la década de 1960. La disminución de sus depredadores naturales, entre ellos algunos peces, puede favorecer estos aumentos de población , aunque también intervienen otros factores. Por eso, las campañas para controlar los brotes siguen siendo necesarias. Lo interesante del estudio es que muestra una diferencia entre lo que ocurre cuando hay pocas estrellas y lo que sucede cuando se vuelven demasiado numerosas. En pequeñas cantidades, algunas colonias sobreviven a sus ataques y pueden regenerarse. Durante un brote, en cambio, los daños pueden ser enormes. Los investigadores creen que conocer mejor ese equilibrio puede ayudar a decidir cuándo intervenir para proteger los arrecifes, sin perder de vista que estas estrellas también forman parte de ellos. Puedes revisar el estudio completo en: Foo, S. A., Clements, M., Zweifler, A., Eggleton, G., Millican, H., & Byrne, M. (2026). The fate of cora
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