La huelga general de 24 horas por la crisis de la vivienda del próximo 11 de noviembre será la primera respaldada conjuntamente por Comisiones Obreras (CC. OO.) y la Unión General de Trabajadores (UGT) desde noviembre de 2012, y se produce dos días antes del arranque de campaña de las elecciones generales del 29 de noviembre. La coincidencia invita a analizar sus posibles resultados. Si el paro es masivo, alguien lo pagará en las urnas, y si fracasa, alguien saldrá reforzado. Parece una idea comprensible, pero la experiencia sugiere que es equivocada. El seguimiento de una huelga general y el respaldo electoral miden cosas distintas. Hacer huelga es una acción colectiva, visible y costosa: se pierde el salario de la jornada, uno se expone ante la empresa y la decisión depende del sector, del tipo de contrato y de los servicios mínimos. En cambio, votar es un acto individual, secreto y gratuito. Además, estas acciones no interpelan a la misma población: una huelga general se dirige a quienes trabajan por cuenta ajena, mientras que el censo electoral incluye a todos : pensionistas, autónomos, personas en paro, estudiantes y ciudadanos que no pueden parar aunque compartan el malestar. A esto se suma que ni siquiera se sabe con precisión cuánta gente secunda una huelga. En la del 20 de junio de 2002 contra el Gobierno de Aznar, los sindicatos hablaron de un 84 % de seguimiento y el Ejecutivo, de apenas un 17 % . En la de noviembre de 2012, el Ministerio del Interior calificó el seguimiento de moderado frente al respaldo masivo que defendían los sindicatos , y recurrió a un indicador indirecto: la caída del consumo eléctrico . Si el dato de partida es tan elástico, difícilmente puede funcionar como una encuesta preelectoral. El caso más elocuente es el de la huelga general del 14 de diciembre de 1988 (14D), convocada por CC. OO. y UGT contra el Gobierno de Felipe González, y que fue secundada por unos ocho millones de trabajadores , siendo la de mayor seguimiento en la historia de la democracia española. Además, fue eficaz en lo laboral: al año siguiente, el Gobierno vinculó las pensiones a la inflación y subió el sueldo de los empleados públicos. En las urnas, sin embargo, el efecto de la protesta fue más bien modesto. En las elecciones europeas de junio de 1989, el PSOE no acusó desgaste e incluso mejoró ligeramente su porcentaje respecto a 1987 . En las generales de octubre volvió a ganar con 175 diputados : perdió la mayoría absoluta por un solo escaño y unos 800 000 votos respecto a 1986, pero conservó una amplia ventaja. La mayor huelga general convivió con una holgada victoria del Gobierno contra el que se convocó. El ejemplo más cercano, en tiempo y en forma, de una huelga general es el portugués. El 11 de diciembre de 2025, las dos grandes centrales sindicales, CGTP y UGT, pararon juntas por primera vez desde 2013 contra la reforma laboral del Gobierno de Luís Montenegro. La guerra de cifras fue la de siempre: los sindicatos estimaron unos tres millones de huelguistas , mientras que el Gobierno habló de una adhesión de entre 0 y 10 % en el sector privado. ¿Y después? Las encuestas mostraron que el partido del Gobierno seguía en primer lugar , con un 29 % de intención de voto, aunque cada vez más gente suspendía su gestión. Un mes más tarde, los sondeos seguían prácticamente iguales . El enfado contra el Gobierno aumentó, pero no se convirtió en votos en su contra. Tampoco es la primera vez en el país vecino. Tras el ciclo de huelgas generales contra la austeridad (2008-2012), la coalición conservadora ganó las legislativas de 2015 con el 36,8 % de los votos , aunque perdió la mayoría absoluta. Nada de esto significa que las huelgas generales sean inútiles. Su eficacia se mide en otro terreno. La de 1988 arrancó concesiones del Gobierno. En 2002, el decreto contestado en el paro fue sustituido meses después por una ley que devolvió en parte los derechos laborales que había suprimido . Y aunque en 2012 no se frenó la reforma
También lo cubren: Página Principal – The Conversation.
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