La historia se repite una vez más: registros de la UCO, detenciones en el PSOE o de personas directamente conectadas al PSOE , nuevas causas judiciales relacionadas con la corrupción y un Gobierno que niega cualquier vinculación a pesar de que las evidencias de lo contrario son abrumadoras . A poco más de tres semanas para las elecciones, la única duda es si este será el último escándalo, la traca final del sanchismo , o si todavía nos quedan uno o dos estallidos más. Es un nuevo caso que nos permite comprobar, por ahora con la información de la que ya se dispone aunque todo indica que más adelante con resoluciones judiciales, cómo el dinero de todos iba a engrosar las cuentas de aquellos que se dicen defensores de lo público, pero que está claro que sólo lo defienden para poder robarlo a gusto. Este episodio de la trama Koldo que ha saltado a las portadas este viernes gracias a la operación ordenada por el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno tiene varios matices que conviene analizar. El primero de ellos es especialmente relevante a la luz de la tragedia de Urda : mientras la red de alta velocidad iba degenerándose por falta de mantenimiento, esta auténtica mafia se dedicaba a robar el dinero destinado a ella. No ha habido sólo negligencia o incompetencia: se lo estaban llevando crudo y el resultado final –esperemos que final de verdad aunque por desgracia es imposible saberlo a ciencia cierta– han sido 116 muertos . De nuevo, serán los jueces los que establezcan las condenas legales, pero la condena ética y política ya está clara: esta gentuza debe abandonar no solo el poder, sino la vida pública y debe hacerlo ya. Y no, no se trata de la actuación de un pequeño grupo de manzanas podridas: estamos hablando de una trama que implicaba al corazón del Gobierno –el superministro José Luis Ábalos – y del partido: sus dos últimos secretarios de Organización están o en la cárcel –el propio Ábalos– o en libertad provisional con todas las papeletas para volver a disfrutar de las comodidades de un centro penitenciario, como es el caso de Santos Cerdán . Por supuesto, el otro aspecto relevante de lo ocurrido este jueves es la detención de Cristian Corvillo , otro personaje cercano a Sánchez al menos durante las primarias de 2017 y que se había visto ya implicado en tramas de corrupción como la propia trama Koldo o el caso Hidrocarburos . Aunque se trate de un personaje secundario, lo que está claro es que es una buena muestra de cómo el cerco a Pedro Sánchez se va cerrando : la lista de aquellos cercanos a él que ya han sido condenados –su hermano, su secretario general, el "gigante de la militancia Koldo García", su fiscal general–, que probablemente lo serán –su mujer, su otro secretario general, Zapatero– o que al menos ya han sido imputados –altos cargos de varios ministerios, la gerente del PSOE, la cloaquera Leire…– es ya inmensa y no deja de crecer. Porque, ¿alguien puede creer a estas alturas que todos estos corruptos y delincuentes estuviesen bajo las órdenes de un presidente de comportamiento intachable? ¿Que el capo de un inmenso grupo de mafiosos fuese, casualmente, el único honrado ? ¿Que todo lo que ocurrió pasaba a espaldas de aquel que tenía un poder absoluto en la banda de facinerosos? La respuesta a estas preguntas es tan obvia que no es necesario ni escribirla.
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