La creciente alianza entre Silicon Valley y el gobierno de EE.UU. ha llevado a muchos a preguntarse si los beneficios de esta relación compensan los riesgos de ser demasiado dependientes de la Administración. Los tecnócratas se dirigen a la política en busca de beneficios, pero también se arriesgan. La fusión entre tecnología y política ha aislado la participación ciudadana y ha provocado un debate sobre la representación y la voz de la ciudadanía en la creación de políticas. Por otra parte, la Administración ha utilizado Internet y las redes sociales para controlar la comunicación y censurar la disidencia, y el uso de los datos personales para políticos ha aumentado significativamente. En su mayoría, los ejecutivos de Silicon Valley han sido neutralistas en las elecciones intermedias. Aunque algunos han sido partidistas activos, a menudo han evitado apoyar candidatos con políticas progresistas.
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