El director técnico de una empresa de instalaciones térmicas, Aser Moris, señala un factor clave en la aerotermia del que apenas se habla y que determina si una instalación ahorra dinero o hace gastar de más: la temperatura de impulsión, es decir, los grados a los que la máquina envía el agua hacia los radiadores o el suelo radiante. Según explica, el objetivo principal no es que el sistema caliente mucho, sino alcanzar el confort necesario con el menor gasto posible, algo que se logra manteniendo la temperatura de impulsión lo más baja posible. El especialista advierte sobre las diferencias presupuestarias y de rendimiento. Al adquirir una bomba de calor, los modelos se ofrecen midiendo su rendimiento, conocido como COP, bajo unas condiciones concretas de ensayo con el agua a 35 grados. Sin embargo, al utilizar radiadores tradicionales, el agua requiere una temperatura superior, y cada incremento resta eficiencia a la bomba de calor, por lo que no resulta realista esperar idéntico comportamiento que con un suelo radiante. Por su parte, informes del IDAE recogen cómo varía el rendimiento estacional de estos equipos según las exigencias de temperatura, distinguiendo entre aplicaciones de baja y media temperatura. Los datos oficiales muestran factores de corrección que reducen el rendimiento del catálogo a medida que suben los grados de distribución, evidenciando que una mayor distancia entre los tubos del suelo radiante o el uso de radiadores convencionales obligan a elevar la temperatura del agua y penalizan la eficiencia energética global de la instalación. Fuente: Mira Jerez
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