La presencia de cotorras en los entornos urbanos genera un vivo debate social entre quienes defienden su protección por su colorido y dinamismo y aquellos que alertan sobre los riesgos evidentes que provocan en el ecosistema local. Sus característicos vuelos, sus llamadas estridentes y la construcción de voluminosos nidos no pasan desapercibidos en calles y parques, generando una fuerte división de opiniones. Por un lado, parte de la ciudadanía valora positivamente la adaptación de estas aves exóticas a la vida en la ciudad, integrándolas dentro del paisaje cotidiano y defendiendo su derecho a habitar estos espacios en un contexto de transformación climática global. Por otro lado, colectivos de vecinos y expertos advierten sobre el impacto negativo de esta especie, señalando que su expansión descontrolada puede amenazar la supervivencia del arbolado urbano, desplazar a la fauna autóctona y alterar la tranquilidad de los barrios debido al ruido constante. Esta dicotomía pone sobre la mesa la necesidad de repensar las políticas de gestión de la fauna urbana y la biodiversidad en un momento en el que las condiciones ambientales cambian con rapidez, exigiendo respuestas equilibradas por parte de las administraciones competentes para garantizar la preservación del entorno sin ignorar las quejas ciudadanas legítimas sobre los perjuicios causados por estas aves. Fuente: Siglo XXI
También lo cubren: Diario Siglo XXI.
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