Las superficies deportivas de césped artificial se han consolidado como una de las mayores fuentes de emisión de microplásticos hacia el medio ambiente, tanto a través de los rellenos granulares como por el desgaste y la descomposición de sus fibras. Esta problemática llevó a la Comisión Europea a prohibir el uso de materiales granulares poliméricos de menor tamaño en las instalaciones de nueva construcción. Como respuesta a este desafío ecológico, las organizaciones integradas en el proyecto LIFE T4C, cofinanciado por la Unión Europea, han desarrollado una estrategia integral para incrementar la sostenibilidad y la circularidad de estos espacios deportivos. El enfoque abarca desde la eliminación de partículas intencionadas hasta el fomento de materiales reciclables y la aplicación de estrictos controles de mantenimiento. Entre las principales innovaciones aportadas destaca la introducción de un nuevo compuesto de relleno denominado Ecolastene, fabricado a partir de elementos reciclados y plenamente reciclable al término de su vida útil, el cual evita la catalogación como microplástico manteniendo las prestaciones técnicas idóneas para la práctica deportiva. Asimismo, el planteamiento incluye un diseño optimizado en los filamentos para retener de forma más eficaz el relleno y sistemas avanzados de drenaje y filtración para impedir su dispersión mediante el viento o el alcantarillado. A partir de estas soluciones técnicas, la iniciativa ha recopilado un decálogo práctico enfocado en conciliar el máximo rendimiento atlético con el escrupuloso respeto al entorno natural. Fuente: Atalayar #MedioAmbiente #Sostenibilidad #Microplasticos #Deporte #Innovacion
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