El presidente estadounidense asegura que los estados que apuesten por la superinteligencia artificial podrán hacerse ricos, mientras la victoria demócrata en el Congreso amenaza con endurecer la vigilancia sobre las grandes tecnológicas. Donald Trump ha convertido la superinteligencia artificial en una nueva prioridad de su agenda económica. El presidente de Estados Unidos ha advertido este viernes de que los estados que rechacen desarrollar esta tecnología estarán renunciando a una oportunidad histórica de enriquecimiento. Su mensaje llega apenas tres días después de que los demócratas recuperasen el control de las dos cámaras del Congreso, un cambio político que amenaza con incrementar el escrutinio sobre las empresas tecnológicas y los vínculos entre Silicon Valley y la Casa Blanca. El mandatario estadounidense ha defendido públicamente su apoyo a la denominada superinteligencia artificial (SI), una tecnología que aspira a superar las capacidades cognitivas humanas en numerosos ámbitos. A través de Truth Social, Trump ha asegurado estar «100% a favor de la superinteligencia» y ha prometido colaborar con los estados interesados en impulsar su desarrollo. «Como presidente, estoy 100% a favor de la superinteligencia y trabajaré con los numerosos estados de Estados Unidos que quieran hacerse ricos gracias a ella. Son oro y solo un liderazgo insensato dirá no a las riquezas que aportan», ha afirmado. El mensaje sitúa esta tecnología en el centro de la competencia económica entre los 50 estados estadounidenses. Sin embargo, Trump no ha detallado qué inversiones, incentivos fiscales o programas federales acompañarán su propuesta. La superinteligencia representa un salto hipotético respecto a los actuales sistemas de inteligencia artificial generativa. Mientras estos permiten automatizar determinadas tareas, una inteligencia superior a la humana podría transformar actividades científicas, industriales y financieras. Su desarrollo, no obstante, sigue siendo una posibilidad tecnológica y no una realidad demostrada. Para los estados estadounidenses, atraer centros de investigación, infraestructuras informáticas y compañías especializadas podría traducirse en nuevas inversiones y empleos cualificados. El problema reside en los costes. Los centros de datos necesitan enormes cantidades de electricidad, suelo e infraestructuras, mientras que los beneficios económicos dependen de factores como la productividad, el empleo generado y la fiscalidad empresarial. La promesa de riqueza, por tanto, no garantiza que todas las regiones obtengan beneficios equivalentes. Las declaraciones de Trump coinciden con un cambio sustancial en el equilibrio político de Washington. Las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026 han permitido a los demócratas recuperar tanto la Cámara de Representantes como el Senado, según los resultados difundidos por Associated Press. La Cámara Baja cuenta con 435 escaños, mientras que el Senado está integrado por 100 miembros. El nuevo reparto de poder permitirá a la oposición incrementar las investigaciones parlamentarias sobre la Administración republicana. Este hecho introduce una dificultad adicional para la política tecnológica del presidente. Hasta ahora, Trump ha defendido que Estados Unidos debe acelerar su liderazgo en inteligencia artificial. Sin embargo, el nuevo Congreso tendrá capacidad para impulsar audiencias, solicitar documentación y examinar posibles conflictos de intereses relacionados con las grandes compañías del sector. Uno de los principales focos de tensión estará en las relaciones entre la Administración y las empresas tecnológicas que han respaldado sus políticas. Según las informaciones publicadas por The Washington Post, los demócratas estudian investigaciones relacionadas con la industria tecnológica y sus conexiones con el poder político. La cuestión va más allá de la rivalidad partidista. El desarrollo de sistemas avanzados de inteligencia artificial requiere inversiones extraordinaria
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