El universo freudiano de Dalí . El legado de Freud en el maestro del surrealismo . Lo del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza no tiene nombre. Comisariada por Jaime Brihuega , las salas del museo hilvanan la relación de la obra de Salvador Dalí (1904-1989) con los escritos de Sigmund Freud (1856-1939), en un recorrido que reúne la biografía del artista desde el complejo universo familiar, hasta sus últimas creaciones en Cataluña . La muestra, que cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, y el patrocinio de Natixis Corporate Investment Banking, expone más de 130 obras, entre las que destacan cuadros, esculturas, dibujos y vídeos, procedentes de museos e instituciones europeos y norteamericanos. ** El universo freudiano de Dalí **está organizada en seis secciones cronológicas en torno a capítulos decisivos de su biografía: El entorno familiar, Figueres y Cadaqués ; 1922-1928. La Residencia de Estudiantes. Retorno a Cataluña; 1929-1931. La joven promesa del surrealismo ; 1932-1937. El método paranoico-crítico; 1938-39. Encuentro con Freud. Expulsión del grupo surrealista y Después de 1940. la persistente sombra de Freud. Cada una de ellas se centra en obras de Dalí relacionadas con el pensamiento freudiano y se completa con pinturas y dibujos de Jean-Auguste-Dominique Ingres, Gino Severini, Jean Arp, Kurt Schwitters, Federico García Lorca e Yves Tanguy, así como de Santiago Ramón y Cajal y el propio Freud. Adentrarse en la primera sección de la exposición supone obtener un primer entendimiento sobre el complicado entorno familiar del pintor. Obras como el Retrato de Ana Maria (1924) y Figura en una mesa (1925), entre otras, esconden historias como el fallecimiento de su madre cuando tenía 17 años, y el de su hermano, llamado Salvador, que murió antes de su nacimiento, como así también el rol autoritario de su padre, quien se casó con su cuñada, que se convirtió en su tía-madrasta. Además de su familia, en estos años también causaron una fuerte impronta en el pintor catalán el mar, las playas y las rocas del cabo de Creus, en el entorno de Cadaqués - Acantilados (1926)-, cuyas siluetas están presentes en muchas de sus obras. Hacia 1929, Dalí desembarca en París y se une al movimiento surrealista, liderado por André Bretón. Obras emblemáticas como El hombre invisible (1929-1933) , Los placeres iluminados (1929) y Guillermo Tell (1930) marcan el pulso de la muestra, ya que por aquellos años se convirtió en uno de los artistas que mejor supo plasmar en imágenes sus fundamentos teóricos. También es el momento en el que el pintor conoce a Gala Eluard, su musa y compañera de vida; mientras sus obras plenamente surrealistas se ven configuradas por elementos procedentes de los paisajes del inconsciente. El corazón de la exposición Dalí se ciñe en torno a una fecha: 1938. Fue en aquel año que el pintor consigue una cita en Londres con Sigmund Freud, gracias a la mediación de Stefan Zweig. El encuentro fue especialmente significativo para Dalí, que llevaba años fascinado por sus ideas. El viaje termina demostrando que, aunque Dalí declaró en su madurez que la ciencia nuclear y temas religiosos habían sustituido su interés por el psicoanálisis, Freud nunca abandonó su pincel. Los ecos del psicoanálisis se aprecian en obras como Apoteosis de Homero (sueño diurno de Gala, hacia 1945) y Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar (hacia 1944), así como en sus decorados para espectáculos de ballet estrenados en Nueva York, como el boceto Proyecto para Laberinto (1941) o el telón de casi quince metros que realizó para Tristán enloquecido (1944) y que se exhibe en el hall. SUSCRÍBETE AQUÍ a nuestra newsletter y recibe todas las novedades de Condé Nast Traveler #YoSoyTraveler
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