Construir un parque eólico en el mar requiere barcos que transporten materiales, equipos y trabajadores hasta las turbinas. Durante las obras, el tráfico aumenta. Y eso puede ser un problema para las ballenas que pasan por esas aguas. Una de ellas es la ballena franca del Atlántico norte, una especie en peligro crítico de extinción de la que quedan alrededor de 380 ejemplares. Pero ¿qué pasa con todos esos barcos cuando termina la construcción? Un grupo de científicos analizó tres proyectos de Estados Unidos: Block Island Wind Farm, Coastal Virginia y Vineyard Wind I. Descubrieron que el tráfico aumentaba durante las obras, aunque principalmente cerca de las turbinas y durante períodos relativamente cortos. Los investigadores utilizaron datos del Sistema de Identificación Automática (AIS) , que registra la ubicación y los movimientos de muchas embarcaciones. Revisaron información de distintos períodos entre 2011 y agosto de 2023. Para comparar los datos, dividieron las zonas estudiadas en cuadrículas de un kilómetro cuadrado y observaron especialmente lo que ocurría dentro de un radio de dos kilómetros alrededor de las turbinas. En Block Island y Virginia, el tráfico aumentaba mientras avanzaban las obras y disminuía cuando los trabajos se detenían. En Vineyard Wind I también hubo un incremento, aunque menor: 6,82 horas adicionales de presencia de embarcaciones por kilómetro cuadrado al mes. Esta cifra no indica cuántos barcos había, sino cuánto tiempo adicional permanecieron en esas aguas. Los mayores aumentos se concentraron cerca de las zonas de construcción, sin extenderse por grandes áreas del océano. Lo que llamó la atención de los investigadores fue que los períodos de mayor tráfico duraban generalmente entre uno y cuatro meses. Después, el movimiento de barcos disminuía. Según el estudio publicado en Endangered Species Research , en los parques que ya estaban funcionando todavía se registraban pequeños aumentos, pero eran similares al crecimiento del tráfico marítimo en otras zonas de la costa este. Es decir, el mayor movimiento adicional de embarcaciones ocurría durante determinadas etapas de construcción. Pero eso no significa que las ballenas estén fuera de peligro. Las colisiones con barcos siguen siendo una de las principales amenazas para la ballena franca del Atlántico norte. El estudio no registró directamente estos accidentes, aunque conocer cuándo y dónde aumenta el tráfico puede ayudar a tomar precauciones. Una de las medidas que proponen los investigadores es limitar la velocidad de los barcos a diez nudos , unas 11,5 millas por hora. Navegar más despacio puede dar tiempo para reaccionar si aparece una ballena y reducir la gravedad de una posible colisión. También sugieren organizar las obras durante los meses en que estos animales suelen estar menos presentes. El problema es que las ballenas no siempre pasan por los mismos lugares ni en las mismas fechas. Por eso, los científicos recomiendan combinar observaciones visuales con sistemas acústicos que permitan detectar sus vocalizaciones bajo el agua. Hay algo importante que aclarar: el estudio no midió las colisiones ni el ruido que reciben los animales. Además, los registros utilizados no incluyen necesariamente todas las embarcaciones. Lo que sí encontraron los investigadores es que el aumento más intenso del tráfico ocurre en lugares y momentos concretos. Y eso puede ayudar a organizar mejor las obras . Por ejemplo, evitar las actividades con más barcos durante las épocas en que suelen aparecer las ballenas o reforzar las precauciones cuando se detecta su presencia. Así, los proyectos eólicos podrían seguir avanzando sin dejar de prestar atención a los animales que viven en esas aguas. Puedes revisar el estudio completo en: Bishop, A. L., Meyer-Gutbrod, E. L., Nowacek, D. P., & Read, A. J. (2026). Localized and temporary vessel traffic changes from offshore wind development on the US East Coast pose limited risk to large whales. Endangered Species Re
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