SANTIAGO – La muerte de doce trabajadores en lo que va del 2026 en la industria salmonera en el sur de Chile encendió la alarma, al evidenciar la parte débil de este multimillonario y floreciente negocio de un espécimen que no es propio del país. Son extremas las condiciones de riesgo en que trabajan los buzos quienes alimentan a los salmones en cultivo, tanto en el mar como en los lagos. Ellos mantienen y reparan las jaulas de la cría de salmones que van a los principales mesas familiares y restaurantes del mundo. Los buzos se sumergen continuamente para vigilar que los peces no escapen y evitar que otros especímenes arrebaten su alimento. Anteriormente los buzos eran contratados directamente. Ahora lo hacen contratistas que reclutan a los más baratos. “Muchos no descansan los tiempos necesarios y trabajan a mayor profundidad que la permitida. Y quienes fiscalizan no llegan a los centros de cultivos que están muy alejados”, relató a IPS Gustavo Cortéz, dirigente de la Confederación Nacional de Trabajadores de la Industria del Salmón. Cuenta que los inspectores de la estatal Dirección del Trabajo no tienen transporte marítimo propio para efectuar su tarea y dependen, precisamente, de embarcaciones de quienes deben fiscalizar. “Hoy lo único que quiere la industria del salmón es crecer. Con este gobierno de Kast piden flexibilizar las normas y seguir trabajando libremente, sin fiscalización. Les importa crecer y muy poco el medioambiente, la contaminación y los trabajadores”: Gustavo Cortéz. El abogado Felipe Guerra, coordinador jurídico de la oenegé Observatorio Ciudadano , dijo a IPS desde la sureña ciudad de Temuco, que esta fiscalización tendrá más dificultades porque el gobierno del ultraderechista José Antonio Kast, en la presidencia desde marzo, adelanta recortes en el sector laboral en 2027. En la Dirección del Trabajo se reducirá 13 % el presupuesto de fiscalización y 32 % el de capacitación, además de otros programas relevantes para el control y monitoreo. Desde el municipio de Quellón, en la sureña provincia de Chiloé, donde trabaja hace 22 años en una planta salmonera, Cortéz contó que los buzos tienen turnos de 15 días de trabajo y 15 de descanso, “pero generalmente trabajan para otra empresa en sus días libres”. “Hoy lo único que quiere la industria del salmón es crecer. Con este gobierno de Kast piden flexibilizar las normas y seguir trabajando libremente, sin fiscalización. Les importa crecer y muy poco el medioambiente, la contaminación y los trabajadores’’, agregó. La Dirección de Territorio Marítimo , dependiente de la Armada, contabilizó 288 buzos accidentados entre 2004 y septiembre 2026, de los que los buzos mariscadores básicos representan 65 %. Del total, 18 % son accidentes mortales. Una ley para la actividad de los buzos, impulsada por el gobierno precedente del izquierdista Gabriel Boric y aprobada por el Congreso legislativo en diciembre de 2025, que reconoce y protege la actividad, entró formalmente en vigor en julio, pero está paralizada por falta de reglamento. La industria chilena de salmónidos es la segunda mayor productora mundial tras Noruega. Se convirtió en la segunda actividad económica del país, solo detrás del cobre. Genera 6956 millones de dólares anuales y 337 670 puestos de trabajo. Su producción creció sostenidamente hasta 1 151 997 toneladas anuales de salmón Atlántico, Coho y trucha asalmonada con cultivos en las australes regiones Aysén, Los Lagos y Magallanes, todas en el sur de este alargado país con costas al océano Pacífico. Exporta a un centenar de países. Los principales Estados Unidos, Japón y Brasil. En la industria salmonera participan unas 20 empresas, pero 10 concentran 77 % de las exportaciones, lideradas por AquaChile, (capital chileno), Cermaq Chile (de la japonesa Mitsubishi) y Multi X (un consorcio chileno, estadounidense y japonés). Según los empresariales Consejo del Salmón y SalmonChile , estas empresas aportarían al Estado unos 74 millones de dólares anuale
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