Aunque la suya fue una trayectoria breve, Umpah-pah tuvieron tiempo de escribir uno de los capítulos más brillantes de la historia de la música en Catalunya. Simbiosis perfecta entre una banda que emanaba las mejores esencias del rock clásico, el blues y el reggae y un frontman, Adrià Puntí que, deambulando por el lado salvaje de los Lou Reed , Van Morrison , Tom Waits o Patti Smith , referentes que entrelazaba con íconos locales como Pau Riba Oriol Tramvia y Jaume Sisa, era todo genialidad y magnetismo. Cantante de filigranas vocales imposibles con las que declinaba unas letras superlativas en las que se revelaba como un hijo imposible de Arthur Rimbaud, Charles Bukowski y Joan Salvat-Papasseit andando perdido por los callejones del barrio viejo de su ciudad, Girona. A Umpah-pah los descubrimos con su debut “Raons de pes” (Salseta Records, 91), deviniendo desde el primer momento uno de los nombres más sugerentes e interesantes de un Rock Català que por aquel entonces estaba viviendo su momento de máxima efervescencia, liderando la facción raruna de aquel “movimiento” junto a unos Kitsch que, en su caso, desde el post-punk y el noise rock, también andaban por los márgenes. Nos despedimos de ellos en 1996 con “La columna de Simeón”. Entre medias, “Bamboo Avenue” (Salseta Records, 92) y la doble pirueta de 1994, ahora ya bajo el auspicio de RCA (las multis también se sintieron tentadas de fichar a los nombres más relevantes de aquella escena catalana), “Truquiñuelas al oleo” y “Bordell” . Un disco, este (su último trabajo en catalán), nos retrata a unos Umpah-pah en el que muy probablemente fue su mejor momento creativo como grupo. Así lo evidencia un repertorio en el que encontramos la dupla de imprescindibles “Novembre” y “Un joc d’ous” ; la primera personal y particular carta de amor del grupo a su ciudad (con Puntí asegurando aquello de “Girona és inmortal” que acabaría por convertirse en uno de los versos más emblemáticos del grupo); la segunda, canto antibelicista en una época, aquel 1994, en la que la Guerra de los Balcanes pasaba por una de sus fases más cruentas. Con estas las no menos brillantes “Verge Albina”, en la que se acercan al sonido de los U2 de “The Joshua Tree” y “Rattle and Hum” , el reggae imprescindible en todos sus álbumes, aquí titulado “903”, ese jazz de Nueva Orleans entonado por un Puntí rasgando sus cuerdas vocales a lo Tom Waits y Louis Armstrong; “Escac i mat” i “Brides” en las que el mismo Puntí empieza a explorar los territorios sonoros a los que recurriría habitualmente en su carrera en solitario, la dylaniana “No hi ha de què” o su versión de “Lau Teilatu” de la banda vasca Itoiz. Una joya en la discografía de una banda que ha restado más viva en el imaginario (“ Umpah-pah eran los que realmente molaban) que en la presencia y resonancia de su música en el día a día, que ahora, coincidiendo con el trigésimo aniversario de su separación, reedita por primera vez en formato vinilo Montgrí, la discográfica de los ampurdaneses Cala Vento . Quizá hace tres décadas que nos dejaron, pero Umpah-pah son inmortales. Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario. Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.
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