Escena de la película 'Thelma & Louis' (Ridley Scott, 1991). IMDb Antes se decía que la puerta giratoria de los políticos los llevaba al Senado, a Europa o al Consejo de Administración de alguna empresa que cotizase en bolsa. A esa quiniela se ha añadido ahora la posibilidad de escribir un libro y, lo mejor de todo, es que no hace falta dejar el cargo para ponerse a ello. O encargárselo a alguien. Puede que en estas semanas hayas oído el nombre de Clémence Guetté , diputada de Francia Insumisa (LFI) y vicepresidenta de la Asamblea Nacional. La francesa de 35 años también ha dejado un puñado de letras estampadas en páginas, pero al menos la temática de las mismas es más original. O relativamente original, que todo el mundo sabe que inventar algo en 2026 es ardua tarea. En Pour une politique de l’amitié , ha querido introducir en el debate público una cuestión con importantes implicaciones sociales a pesar de que se asemeje a un debate que se podría generar en torno a una comida en casa: ¿Por qué damos tanta importancia a la familia y a la pareja mientras relegamos las relaciones de amistad a un segundo, tercer o cuarto plano, incluso cuando son nuestros amigos quienes nos sostienen emocionalmente? Su reflexión no se queda en el terreno filosófico. De hecho, su compromiso ha sido tal que el 15 de septiembre de 2026 presentó en la Asamblea Nacional una proposición de ley para conceder nuevos derechos basados en la amistad, los vínculos afectivos y la ayuda mutua . El texto contempla, entre otras medidas, reconocer jurídicamente el bautismo civil, crear una nueva figura contractual entre dos amigos y extender determinados permisos laborales y derechos sociales a estas relaciones. Clémence Guetté en un acto político. IG vía @clemence_guette La iniciativa parte de una realidad que muchas personas reconocen en su vida cotidiana: los nexos de unión que nos proporcionan compañía, seguridad y cuidados no siempre coinciden con aquellos a los que las instituciones conceden mayor reconocimiento . Un amigo puede acompañarnos durante una enfermedad, ayudarnos a criar a nuestros hijos o convertirse en nuestra principal figura de apoyo cuando el ex de turno escribe haciéndose el loco, como si no te hubiera partido ya el corazón las suficientes veces... Y al margen de todo ello, su condición de amigo no suele generar por sí misma los mismos derechos que el parentesco o el matrimonio. La pregunta que plantea Guetté es, por tanto, hasta qué punto el derecho debe seguir organizando nuestras relaciones alrededor de los pilares clásicos, abriendo de nuevo la cuestión de la familia tradicional ya, por suerte, no tan tradicional. Más sabe el diablo por viejo que por diablo y por eso mismo la que escribe, que no es tan mayor pero tiene buena memoria, sabe que esta propuesta, aunque llamativa, no tiene demasiado de nueva. La amistad lleva siglos ocupando espacio en el pensamiento político. Es algo que cierto profesor de cierta asignatura en la Facultad de Comunicación de Sevilla repasó a lo largo de su temario. Pero dejando el sur de España a un lado, nada nuevo por otra parte, desplacemos la ubicación a Grecia. Aristóteles ya le atribuía a este vínculo una función esencial: el de pegamento para la comunidad. En los libros VIII y IX de su Ética a Nicómaco , reflexionaba sobre la philia , un concepto que abarcaba distintas formas de afecto, reciprocidad y relación entre las personas. Para él, la amistad no era exclusivamente una cuestión privada : constituía también una condición importante para la convivencia y la estabilidad de la ciudad, algo que no se aleja demasiado del movimiento que se ha dado recientemente, por ejemplo, en Sol en Madrid. Siglos después, Montaigne dedicó uno de sus ensayos más conocidos a la amistad que mantuvo con Étienne de La Boétie. Su reflexión presentaba este vínculo como una relación elegida, basada en el reconocimiento mutuo y difícil de explicar mediante criterios de utilidad o conveniencia. Pero uno de los antecedentes m
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