Marisa todas las semanas cocina cien kilos de caldo

Fuente: La Voz de Galicia · sociedad · Galicia, España

Marisa todas las semanas cocina cien kilos de caldo

Ya apetece un caldo. Y de este plato tan nuestro conoce todos los secretos esta mujer tan simpática. No pierde el buen humor aunque su jornada laboral sea intensa y haya pocos minutos para el descanso. Marisa Vázquez Miranda aprendió el oficio de carnicera al lado de su marido, Plácido Campelo Lesta , que da nombre al negocio que regentan en O Temple (Cambre), al lado de A Coruña. «O carniceiro é el porque eu antes non distinguía o porco da tenreira», recuerda. Ella es de Visantoña, ayuntamiento de Mesía, y Plácido, de As Travesas, después de Carral. Abrieron el negocio hace 38 años siendo unos chavales. «Eu tiña 24, e el, 28», puntualiza. Un buen día decidió empezar a ofrecer platos preparados caseros. «Aprendín da miña nai, ela foi a que me ensinou a facer o caldo. Na carnicería, ademais, é un lugar onde aprendes moito do que escoitas aos clientes», asegura Marisa. Con conocimiento es más sencillo cocinar, pero eso no te garantiza el éxito. No podía imaginar que ahora el caldo se lo quitan de las manos. «Os mércores fago cen quilos e non me chegan a nada. Teño que dicirlle a moita xente que se acabou. Compra moita xente que vive soa e tamén teño clientes que son familias que non teñen tempo para cociñar ou non saben facelo», explica. Todos los miércoles prepara cien kilos de caldo, pero el trabajo específico para que salgan perfectos comienza varias horas antes. «Estou ao bordo da xubilación e cada vez teño máis traballo» , comenta sonriente. Su marido ya tiene los 65, pero dice que va a esperar por ella, que le faltan dos años de cotización. Es decir, sus platos preparados tienen fecha de caducidad, pero todavía queda tiempo. Los martes empieza a cocer en dos grandes tarteras, que son sus compañeras de fatigas. Los huesos de cerdo, el tocino y el unto están al fuego durante horas. Después cuela el agua y finalmente le añade las patatas, las habas, la verdura y «cocer e servir», resume. En un abrir y cerrar de envases para llevar se acaban los cien kilos de caldo y se pone a preparar una cantidad similar de callos en esas ollas con las que convive en el obrador del negocio. «Teño que lavar as potas e preparalas para os callos que fago os xoves. Cen quilos un día e cen ao día seguinte», resume. Y así todas las semanas. Dice que lo que más éxito tiene es el caldo, pero todo lo que hace lo vende. «Os codillos asados tamén din que están moi bos. Eu adóboos á miña maneira e lévoos ao forno dunha panadería», apunta. Mientras hablamos, ella sigue trabajando. En ningún momento deja de atender la cocina y el negocio en el que también despachan los típicos productos de carnicería de toda la vida, como esos cortes de ternera o de cerdo que hace 38 años Marisa no sabía distinguir con precisión. Dentro de un par de años se jubila y será difícil que alguien tome el testigo de un negocio tan exigente como este. Pero lo que está claro es que cada vez hay más demanda de comida para llevar y estas pequeñas tiendas de barrio se revitalizan gracias a clientes con un apretado horario que no les permite preparar platos que precisan de varias horas de cocina y paciencia. A estas alturas de noviembre ya apetece un buen plato o una rebosante taza de caldo, uno de nuestros platos estrella de siempre.

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