Dime lo que quiero oír

Fuente: The Objective · sociedad · nacional, España

Dime lo que quiero oír

El votante medio, el que no está muy politizado ni informado, hace un análisis muy sencillo y lógico ante unas elecciones: ¿estoy mejor ahora que antes? ¿Mi vida es mejor hoy que hace cuatro años? O, como decía una votante en EEUU entrevistada ante las elecciones de medio mandato, preguntada por el supuesto radicalismo del candidato de Michigan, Abdul El-Sayed: «Socialista, islamista… A mí me da igual. ¿Va a rebajarme el coste de vida? ¿Va a hacer que las cosas me cuesten menos?». Es algo que comprendió bien Zohran Mamdani en Nueva York cuando centró su campaña en la asequibilidad. Y es lo que explica la derrota de los republicanos en las midterms : ¡Es el precio de la gasolina! Hay también un descontento con otras cuestiones (desde la política exterior a la corrupción), pero la clave es siempre más prosaica: Trump ganó porque la gente estaba harta de la inflación y ahora lo castigan porque el coste de vida sigue siendo muy elevado para millones de estadounidenses. El votante medio no es alguien unidimensional. Y el análisis que hace no es tan racional, de coste-beneficio. Pero sí es importante comprender que, a pesar de la polarización y la política de bloques, todavía hay muchos votantes que piensan en términos menos ideológicos de lo que pensamos. Hoy hay menos trasvase entre bloques, pero es algo relativamente común. Y creo que en España hoy está ocurriendo sobre todo desde la izquierda a la derecha: el PSOE ya ha asumido que su bloque está lleno y no aspira a traer a nadie del otro lado de la brecha, pero en el PP están convencidos de que el Feijóo estadista y gestor puede atraer a mucho desencantado exvotante del PSOE.  «Los partidos están sacando su faceta más tecnócrata y promocionando a sus políticos con mayor alma gestora» Como explicaba Rafael Méndez en la newsletter de Politico , los partidos están sacando su faceta más tecnócrata y promocionando a sus políticos con mayor alma gestora: véase Carlos Cuerpo en el PSOE, un Abascal un poco más moderado el otro día en Onda Cero o el PP abandonando el tono canallita en Twitter y enarbolando la bandera de la gestión (en sus mítines, el atril dice «POR FIN Gestión»). Méndez recuerda el célebre discurso de Enrique Fuentes Quintana, el ministro de Economía de la UCD, en 1977: «Si las sufridas amas de casa vuelven cada día desanimadas del mercado y constatan, con mayor precisión que cualquier índice de precios, que la vida sube, es que las cosas no van bien». En el resto de su discurso desgrana la gravísima crisis económica que atravesaba el país. Es un gran ejemplo de político tratando a los ciudadanos como adultos.  El problema es que a veces el votante no quiere ser tratado como un adulto. Suele pensar en sus intereses y a menudo no es consciente de que a veces esos intereses están en conflicto: quiere más gasto público pero menos impuestos, por ejemplo. Quiere solucionar el problema de la vivienda sin construir. Quiere que las pensiones suban y suban y suban y también que no se reforme el sistema, que resulta insostenible y se construyó para un país con una pirámide demográfica totalmente distinta: ¡pero es que para eso hemos trabajado toda la vida! Es lo que les ofrece el Podemos de Irene Montero, que se dirige con una velocidad asombrosa hacia la irrelevancia : su programa electoral consiste en prometer lo bueno frente a lo malo. Y helado de chocolate para merendar todos los días. Para continuar necesitas iniciar sesión o crear una cuenta

También lo cubren: El Liberal.

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