Los lectores de cierta edad recordarán con una amplia sonrisa la particular presentación del artefacto, como así lo denominaron los cómicos de La Trinca, atribuyendo ... el invento al Barón de Bidet: «Je farei una filigrane, que será una palangane con el chorro incorporé», cantaban en la siempre controvertida televisión pública. Pues bien, el Ayuntamiento de Salamanca ha determinado que aquel gran invento que hizo descender la polución, siguiendo con la broma, ya no será obligatorio en los nuevos proyectos urbanísticos, junto con algunas otras modificaciones tales como el tamaño de las plazas de garaje, las cocinas abiertas al estilo americano y la creación de espacios para el teletrabajo. No sé medir su importancia, aunque lo que sí tengo claro es que no estamos frente a soluciones que mejoren el problema de la vivienda. Muchos jóvenes y parejas de mediana edad se conformarían con cocinas a la antigua y con tener un trabajo, por más que eso supusiera seguir utilizando como escritorio la mesa del comedor. Un lujo de estancia desde hace años, en que los diseños se basan en los expositores de Ikea tanto en elementos como en metraje. Insisto en que la política de cercanía es la única cercana. Y no siempre. Pero, también, que está a la cola en la prelación decisoria. Desconozco si aquella frase que se atribuye al Conde de Romanones dirigida a los diputados del Congreso de «hagan ustedes las leyes, que yo haré los reglamentos», en clara alusión a que hay fórmulas como para bordearlas, sería de aplicación o no en este asunto. Ya nos gustaría. Hace años se ponía de ejemplo la gestión del alcalde de Málaga, el incombustible Francisco de la Torre, ahora denostado por parte de sus conciudadanos por la sobrepoblación y el precio desorbitado del metro cuadrado, en una ciudad que tiene poco terreno en comparación con Salamanca, por ejemplo. El mar al frente y el monte a la espalda no dan sino para extenderse en longitud a lo largo de la costa, que tampoco puede proveer ya de mucho hueco donde construir. Entramos en las semanas de las promesas. Pasen y vean, señoras y señores, que gritaban los antiguos promotores de los comienzos del circo como espectáculo al alcance de los pudientes, cada vez menos en estos tiempos, por cierto. Algo en lo que nos vamos pareciendo a aquella época de los buscadores de oro comparables hoy a los creadores de empresas tecnológicas, que tratan de dar con la pócima mágica del druida Panorámix de los tebeos de Astérix. Los startaperos, como me permito llamarlos sin intención peyorativa alguna, pueblan el panorama del emprendimiento con el mismo resultado aproximado de sus antecesores, aunque ahora cuenten con más medios y con cientos de aceleradoras públicas e inversores privados: fondos y business angels. Por fortuna, están surgiendo proyectos en Castilla y León a través de clústeres con profesionales de prestigio, creando nuevos formatos habitacionales. Soluciones residenciales de futuro que comenzaron en la Europa central hace décadas. Espacios compartidos que sustituyan a las vergonzantes habitaciones sobretasadas de pisos muchas veces en condiciones de habitabilidad más que mejorables. Ese tipo de iniciativas son las que hay que apoyar, porque ofrecen ideas distintas e imaginativas. El modelo anterior ya no sirve. El precio de las viviendas no va a bajar y los bancos no van a renunciar a ganancias como los 30.000 millones que nos han reportado en estos días, se supone que para demostrarnos que las cosas van bien… para ellos. Esta funcionalidad es exclusiva para usuarios registrados.
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