Sucede, en ocasiones, que la realidad irrumpe ante nosotros con tanta claridad que terminamos preguntándonos, sonrojados, cómo no la habíamos visto antes. Algo similar a ... lo que sucede cuando, tras un rato buscando las gafas, descubres que las llevas puestas. No conozco a un solo ser humano que no estuviera dispuesto a dar todo cuando tiene por contribuir a la curación de un ser querido enfermo. Quienes hemos vivido largas esperas en un hospital, debatiéndonos entre la angustia y la impotencia, no dudaríamos ni un instante en hacerlo. Pero siempre creemos que no hay nada en lo que podamos ayudar dentro del contexto sanitario, donde afortunadamente contamos con excelentes profesionales. Y nos equivocamos: existe y está en nuestras manos. O, con más exactitud, en nuestros brazos. Al igual que quien descubre sus gafas puestas, seguramente muchos no hemos sido conscientes de que la sangre no puede ser fabricada, ni replicada en laboratorios. Sin embargo, es una necesidad continua para muchos tratamientos, que requiere, necesariamente, de seres humanos para llegar a buen término. Y es cierto que hay muchas maneras de ser solidario, todas valen y todas suman. Pero remangarse y donar sangre, tal y como suena, es posiblemente el mayor gesto de generosidad que podemos tener. Ahí está nuestra oportunidad de contribuir. Generosos, en España, lo somos y estamos orgullosos de ello. En 2025 más de un millón de personas donaron su sangre. Pero esa cifra, aun siendo admirable, sigue siendo inferior a la media europea, y, lo que es peor, no cubre las necesidades de los pacientes. Los centros de hemodonación lanzan llamadas de auxilio cada vez con mayor frecuencia, y si bien la respuesta ante tragedias como el accidente ferroviario de Toledo, suscitan una oleada masiva de donaciones, en el día a día es significativamente menor. Y mientras el número de donantes baja y las reservas de sangre también lo hacen, las operaciones siguen programadas. Los accidentes ocurren en el momento más insospechado. Los tratamientos no entienden de calendarios, y en algunos casos, como sucede con los oncológicos, son largos y requieren muchos donantes. No en vano seis de cada diez donaciones se destinan a tratamientos oncológicos. Una persona con leucemia puede llegar a necesitar hasta 250 donaciones de sangre a lo largo de su tratamiento. Detrás de ese número hay 250 gestos anónimos, 250 personas que, sin saber a quién ayudaban, decidieron compartir una pequeña parte de sí mismas. Donar sangre, plaquetas o plasma, es otra forma directa de acompañar a quienes conviven con la enfermedad. Nunca sabremos quién recibirá nuestra sangre. Quizá alguien que acaba de tener un accidente, una madre en un parto complicado o una persona en un proceso oncológico. No conoceremos su nombre, no veremos su cara, ni oiremos su agradecimiento. Y aun así, habrá merecido la pena. Porque la solidaridad no consiste en dar lo que nos sobra. A veces consiste, sencillamente, en ofrecer un poco de nosotros mismos. Y eso, por suerte, sigue estando en nuestras manos. Esta funcionalidad es exclusiva para usuarios registrados.
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