La lucha de clases en España

Fuente: Kaos en la Red · sociedad · nacional, España

La lucha de clases en España

La lucha de clases es, sencillamente, el conflicto de intereses entre dos grandes grupos de personas en una sociedad: los poseedores y los desposeídos, los dueños de la riqueza y quienes, con su trabajo, contribuyen a producirla. Este concepto es central en la teoría marxista desarrollada por Karl Marx y Friedrich Engels. Según ella, la historia humana avanza a través del enfrentamiento entre sectores opresores y oprimidos. Pero que hoy se evite esa expresión no significa que haya desaparecido aquello que la expresión designaba. El imposible acceso a la vivienda mediante unos salarios insuficientes actualiza hoy la cuestión de la lucha de clases de una manera particularmente evidente. Quien posee vivienda, o varias viviendas, puede beneficiarse de su encarecimiento; quien no posee ninguna se ve obligado a dedicar una parte cada vez mayor de su salario a conseguir algo tan elemental como un lugar donde vivir. Quien posee patrimonio tiene una ventaja sobre quien solamente posee su trabajo. Y cuanto mayor es la distancia entre el valor de los bienes y el precio del trabajo, mayor es también la dependencia de quien vive exclusivamente de su salario. En otro tiempo, una situación semejante hubiera podido desembocar en una revolución o en una guerra civil. Hoy las circunstancias son otras. La pertenencia a la Unión Europea, el Estado social y las propias características de las sociedades occidentales hacen improbable aquella salida. Pero el conflicto no por ello desaparece: se transforma en movilizaciones sociales, reivindicaciones salariales y protestas por la vivienda. Ya no existen con la misma nitidez las dos clases perfectamente delimitadas que describía el marxismo: una burguesía propietaria de los medios de producción frente a un proletariado industrial. La sociedad es hoy mucho más compleja. Hay clases medias, pequeños propietarios, autónomos, funcionarios, trabajadores cualificados, rentistas, grandes inversores y nuevas formas de riqueza. Pero esa complejidad no elimina una realidad elemental: unos poseen aquello que otros necesitan. Y cuando lo que unos poseen —la vivienda, el capital, la tierra, los recursos— determina las condiciones en que otros pueden vivir, trabajar o emanciparse, existe necesariamente un conflicto de intereses. Podemos cambiarle el nombre. Podemos llamarlo mercado, desigualdad, dificultad de acceso a la vivienda, precariedad, inflación o problema salarial. Todas esas denominaciones pueden ser correctas. Pero ninguna modifica el hecho que hay debajo. Por eso quizá resulte más cómodo no hablar de lucha de clases. La expresión lleva consigo una historia, una ideología y una conclusión que incomoda. Hablar de mercado permite describir el mecanismo; hablar de clases obliga a preguntarse quién se beneficia de él y quién soporta sus consecuencias. No sostengo que todo propietario sea un explotador ni que todo trabajador sea un oprimido. Sería una simplificación tan injusta como la que se pretende combatir. Tampoco sostengo que toda desigualdad sea injusta. Sostengo algo más sencillo: mientras unos puedan vivir fundamentalmente de lo que poseen y otros tengan que vivir exclusivamente de lo que trabajan, habrá entre ellos una diferencia de intereses que ninguna terminología puede hacer desaparecer. La lucha de clases quizá haya muerto como consigna revolucionaria. Pero no ha muerto necesariamente como realidad social. Ha cambiado de lenguaje, de protagonistas y de escenario. Ya no necesita barricadas, fusiles ni proclamas revolucionarias. Puede estar en el precio de un alquiler, en un salario que no alcanza, en la imposibilidad de emanciparse o en la distancia cada vez mayor entre quien posee un patrimonio y quien carece de él. La lucha de clases no necesita que la nombremos para existir y quizá esa sea precisamente su forma más moderna de existir. En todo caso, España es la nación de la Comunidad Europea donde existe mayor desigualdad social y económica entre un sector reducido y la clase trabajadora por de

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