Hay infancias que parecen sacadas de una película y la de Blanca Romero tiene unos cuantos ingredientes para protagonizar una de ese tipo. Naturaleza, libertad, travesuras, una familia muy presente y hasta un accidente de esos que dejan a cualquiera con el corazón en un puño. La actriz y modelo asturiana, nacida en Gijón, a lo largo de su trayectoria ha contado algunos de los episodios que marcaron sus primeros años. Y si hay algo que queda claro al escucharla es que la pequeña Blanca no era precisamente una niña de quedarse «quietecita» en casa jugando con sus muñecas. Su infancia transcurrió en Asturias, en un entorno rural y rodeada de naturaleza. Durante aquellos años vivió en un caserío en la montaña junto a su madre, Blanca Ezama, y su hermana Tania. Una vida bastante alejada del glamour que conocería después en las pasarelas de París o Japón. Es por esto, que años más tarde quisiera construir para sus hijos un hogar parecido al que había disfrutado de pequeña. Así lo afirmó en una entrevista para la revista ¡Hola! en 2024: «La construí yo misma, desde cero. La tenía en la cabeza desde muy pequeña. Yo me crié en una casa enorme, en un monte asturiano, y tuve una infancia muy feliz. Quería lo mismo para mis hijos» , decía sobre su casa a las afueras de Gijón. Pero la libertad también tenía su lado aventurero, y a veces demasiado. En julio de 2025, durante su participación en el programa Mis raíces , Blanca Romero regresó a los escenarios de su niñez y desveló una de las historias más impactantes de su infancia: el accidente que estuvo a punto de costarle la vida. Aquí la protagonista lo contó sin perder su particular sentido del humor. «Ya desde pequeña me pasaban cosas tremendistas», confesó. Y vaya si era verdad. Según relató, siendo todavía una niña decidió saltar de cabeza desde una altura, convencida de que podía volar. «Recuerdo que mi hermana me cogió y yo dije, voy a volar, voy a saltar, voy a saltar… Y volé», recordó ante las cámaras. Sin embargo, el resultado fue un traumatismo craneoencefálico . Su hermana tuvo que recogerla y arrastrarla hasta casa después de que vomitara y quedara tendida en el suelo. Blanca se quedó dormida durante unas doce horas y, cuando su madre fue a despertarla, no reaccionaba. «Estuve en coma 9 días. Casi palmo» , confesó. Una experiencia estremecedora que, por fortuna, terminó con su recuperación. Aun así, en declaraciones a El español tras su intervención televisiva, bromeó sobre aquel episodio: «Sigo teniendo secuelas de ello. Tengo una fisura en el cráneo, en la zona central. Me quedé un poco afectada». Aunque remató con una ocurrencia muy suya: «Se me quedó el deseo de ser artista». La personalidad de Blanca ya daba pistas de la mujer que terminaría siendo. En una entrevista para La vanguardia en 2025, la actriz comentó lo que decían sus profesores de ella cuando era pequeña. Su respuesta fue bastante reveladora: «Siempre decían que era imprevisible. Nunca sabían por dónde les iba a salir» . Y es que no parece que la descripción haya perdido vigencia. La espontaneidad, el carácter independiente y cierta tendencia a dejarse llevar por sus impulsos han acompañado a la asturiana durante buena parte de su trayectoria. Asimismo, en cuanto a aquella casa familiar, también había espacio para los pequeños tesoros. Blanca desveló cuál era el juguete de su infancia que recuerda con más cariño. Y nada tiene que ver con grandes caprichos ni muñecas de colección. Su favorito era un muñeco llamado Tiritón. «Aún recuerdo su olor y lo limpio y guapo que lo llevaba siempre» , recordó. Una confesión entrañable que demuestra que, detrás de la modelo de espíritu libre, sigue habiendo una mujer que guarda con cariño los recuerdos más sencillos. A pesar de todo, la infancia de Blanca Romero tampoco fue demasiado larga en términos de tranquilidad. Su inquietud y su personalidad aventurera pronto encontraron una salida en el mundo de la moda. Y es que con apenas 14 años tuvo su primera oportunidad desfi
También lo cubren: El Liberal.
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