La campaña apícola atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente en España, con un desplome productivo que alcanza hasta el ochenta por ciento en las zonas más castigadas y una mortalidad de colmenas que se eleva hasta el treinta y cinco por ciento. Las explotaciones familiares se encuentran contra las cuerdas y la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos advierte de un escenario de abandonos masivos y cierres que ya se deja notar en comunidades como Andalucía, Castilla y León o Castilla-La Mancha. El origen de esta crisis responde a una combinación letal de factores climáticos y económicos. La falta de precipitaciones y las elevadas temperaturas han alterado por completo los ciclos de floración, dejando a las abejas sin su fuente natural de alimento y obligando a los profesionales a asumir costes adicionales para mantenerlas con vida mediante alimentación suplementaria. A esta situación se suman los problemas estructurales derivados del encarecimiento constante del gasóleo, los equipos y los materiales, un golpe especialmente duro para la apicultura trashumante, que depende de los desplazamientos continuos entre regiones para buscar nuevas floraciones y ve cómo los márgenes de beneficio desaparecen por completo. El panorama se agrava aún más debido a la intensa presión de parásitos como la varroa, cada vez más complejos de combatir, y de depredadores como la avispa asiática, el avispón oriental o el abejaruco, que diezman las poblaciones de insectos útiles. Ante este colapso inminente, el sector reclama un plan de choque urgente que contemple ayudas directas para paliar las pérdidas de producción y la mortandad de las colmenas, mecanismos eficaces frente al encarecimiento del combustible y los piensos, una revisión profunda de los seguros agrarios y un control estricto de las importaciones mediante un etiquetado claro que proteja el producto nacional frente a la competencia exterior. El peligro, alertan desde las organizaciones agrarias, va mucho más allá de la pérdida económica o la escasez de miel en los lineales de los supermercados, ya que la desaparición de las abejas pone en jaque la polinización de numerosos cultivos y pone en riesgo la biodiversidad y la viabilidad futura de toda la agricultura. Fuente: Libertad Digital
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