La democracia necesita ciudadanos comprometidos que sean capaces de pensar libremente, respetar las opiniones diferentes y anteposar el interés general a los intereses particulares o partidistas. La sociedad ha perdido la capacidad de ser crítica y esto puede tener graves consecuencias para la democracia. En este artículo, se analiza la importancia de la responsabilidad de los ciudadanos en la construcción de una democracia sólida y se presentan algunas reflexiones sobre cómo podemos recuperar la capacidad de pensar y discernir.
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