Existe un truco culinario que genera división de opiniones, especialmente entre los puristas de la cocina italiana, pero que cuenta con interesantes aplicaciones para nuestra salud digestiva. Se trata de un método relacionado con la congelación de las harinas y, en concreto, de la pasta, para lograr que actúen en nuestro organismo de una manera muy similar a como lo hace la fibra alimentaria. Para poner en práctica esta técnica con los macarrones, el proceso no consiste simplemente en meterlos en el congelador de cualquier manera, sino que requiere de una serie de pasos previos fundamentales. En primer lugar, es necesario cocer la pasta dejándola en su punto exacto, es decir, al dente. Una vez cocinada, el tratamiento térmico y el posterior enfriamiento juegan un papel determinante en la estructura del alimento. Al someter el almidón de la pasta a este proceso de cocción, enfriamiento y posterior congelación, se modifica su estructura química, convirtiéndose en lo que se conoce como almidón resistente. Este tipo de almidón no se digiere de la misma forma en el intestino delgado, sino que llega hasta el intestino grueso prácticamente intacto. Una vez allí, actúa como un prebiótico, sirviendo de alimento para las bacterias beneficiosas que habitan en nuestra microbiota intestinal. De este modo, un gesto tan cotidiano como guardar la pasta sobrante en el congelador puede convertirse en un aliado para cuidar nuestra salud intestinal, mejorando el bienestar digestivo sin necesidad de realizar grandes cambios en la dieta diaria, aunque los amantes de la tradición italiana puedan escandalizarse ante semejante método de conservación y consumo de la pasta. Fuente: MUJERHOY - Moda, belleza, libros, cine, viajes y tendencias (España)
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