El dolor articular es un problema relativamente frecuente en perros, especialmente en animales de edad avanzada o de razas acondroplásicas, como los teckel o los corgi. Este dolor puede tener diferentes causas, desde traumatismos hasta patologías degenerativas, congénitas o infecciosas, y no siempre se manifiesta de manera evidente. Muchos tutores consideran que el hecho de que su peludo cambie su comportamiento, se mueva menos, deje de correr y jugar o rechace saltar para subirse al sofá son consecuencias naturales del envejecimiento y no consideran la posibilidad de que el animal esté sufriendo dolor articular. Un reciente estudio de Belshaw et al. (2020) puso de manifiesto que numerosos tutores tardaban semanas o incluso meses en relacionar las modificaciones de comportamiento y movilidad de sus animales con una posible artrosis o alteración patológica, posponiendo la atención veterinaria y el tratamiento. Aprender a reconocer las señales de dolor , por muy sutiles que sean, resulta fundamental para poder actuar a tiempo y así evitar que el dolor afecte progresivamente a la calidad de vida del animal. Un error habitual que cometen muchos cuidadores es ignorar los sutiles cambios de comportamiento en sus peludos y no acudir al veterinario hasta que los signos de dolor se hacen muy evidentes. La mayoría de personas piensan que, si su perro padeciera artrosis o cualquier otra patología que cursa con dolor articular , presentaría una evidente cojera o se quejaría al realizar ciertos movimientos, pero la realidad es que esto no siempre es así. Muchos perros camuflan muy bien el dolor y lo aguantan en silencio, sin emitir grandes señales. Sin embargo, existen algunas señales discretas de dolor que deberían llamar la atención del tutor en el momento en el que comienzan a aparecer. En primer lugar, es importante fijarse en cómo se mueve el animal tras pasar un largo rato tumbado. Muchas veces el dolor articular se manifiesta con una sensación de rigidez “en frío”, es decir, después de un periodo de descanso. Si tu peludo tarda más tiempo en levantarse de la cama o camina de manera extraña los primeros minutos tras ponerse de pie, es posible que sienta molestias a nivel articular. En la mayoría de los casos, esta rigidez desaparece parcialmente cuando empieza a moverse, lo que puede llevar a los tutores a pensar que el animal simplemente está desperezándose. Por otro lado, conviene prestar atención a todo pequeño cambio en las actividades cotidianas . Por ejemplo, el perro puede empezar a mostrarse reticente a subir escaleras, dejar de saltar al sofá con tanta frecuencia, pedir ayuda para subir a sitios o entrar en el coche, camina más despacio en los paseos, se lame insistentemente una articulación, juega menos con otros perros o, incluso, se muestra irritable cuando le acarician ciertas zonas del cuerpo. Las guías de la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) destacan que los cambios conductuales asociados al dolor crónico pueden desarrollarse lentamente y ser difíciles de identificar para quienes no conocen bien al animal (Monteiro et al., 2023). Por eso, los cuidadores desempeñan un papel fundamental: son quienes mejor pueden detectar que su perro ya no se comporta como antes. Una de las principales causas de dolor articular es el desarrollo de artrosis , una patología degenerativa en la cual se produce un desgaste progresivo del cartílago articular, principal elemento amortiguador. A medida que los perros envejecen, es más frecuente que terminen padeciendo esta patología. No obstante, la artrosis no es la única causa de dolor articular, y tampoco es cierto que el dolor aparezca única
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