Luz, radio y lesiones

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Luz, radio y lesiones

Poner luz a la oscuridad, como diría el gran Carles Porta, siempre está bien. Gijón necesitaba luz. Muchas noches de verano, paseando por la ciudad, ... Ángel Lorenzo, primero amigo y después presidente local de Otea, me ha insistido en la penumbra que reinaba en edificios emblemáticos que merecían ser disfrutados también en esas horas en las que las calles continuan llenas. Antes de que llegue el alumbrado de navidad, el Ayuntamiento ha querido hacer algo mucho más vigente todo el año. Necesario. Sobre todo, porque las frías noches de invierno, de meses ásperos, necesitan un poco de calidez en nuestra mirada. Y en esas de julio y agosto, con el cartel de completo, hay que lucir la mejor cara. La Plaza Mayor, el Palacio Revillagigedo, la Torre del Reloj, el Bibio... ocho lugares, supongo que un primer paso. Y un pero: falta la joya de la corona, San Pedro. No hay monumento más icónico, más emblemático, más instagrameable que ese templo a orillas del mar que hace de San Lorenzo una playa urbana única. Esta semana, pude contemplar la imponente cúpula de la desacralizada iglesia de la Laboral. Se celebraba en ella el 40 aniversario de Cope Gijón, emisora en la que sueno todas las noches y en la que, sin embargo, ahí en la Carretera de la Costa, no he trabajado nunca. Soy hijo de la radio local. Soy oyente de la radio local. Creo en ella y en todos los compañeros y compañeras que siguen contado las cosas saliendo a las calles con sus micrófonos, en esa emisora y en todas las demás. Ahora, que parece que el éxito sólo se mide en likes y en impactos, yo sigo escuchando por las mañanas como está el tráfico en la Y aunque viva a 500 kilómetros y no necesite saber cuánto se tarda en llegar a Oviedo. Allí estaba Pepe Riestra, presidente del Sporting. Por supuesto sin calcetines, una seña de identidad en su estilo en cualquier estación del año. Le dije algo: es imposible que el cúmulo de lesiones de la primera plantilla sea fruto de una fatal casualidad. Algo falla. O el método, o la forma, o los campos, o la nutrición, o todo junto. Larcamón no ha podido juntar al equipo completo en un solo partido desde que se inició la temporada y así es muy difícil competir de verdad. El lado bueno es que ante el desastre no queda otra que mirar adonde no se ha mirado en los últimos años: Mareo. Tal y como están los equipos inferiores del club en sus respectivas categorías podría parecer que el panorama tampoco es muy alentador, pero se trata de encontrar dos o tres guajes que funcionen en Segunda. Quizá no sea tan difícil. Por cierto, El Molinón ya lo iluminaremos cuando merezca la pena ver lo que se alumbra. Ahí, de momento, casi prefiero un poco de oscuridad. Esta funcionalidad es exclusiva para usuarios registrados.

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