"Ahora resulta que Óscar Puente dimite y al PP le parece que ha tardado demasiado. ¡Qué extraordinaria autoridad moral! ¡Qué admirable coherencia! ¡Qué prodigiosa capacidad para exigir a los demás lo que jamás se exigieron a sí mismos!" “A partir del mismo instante del brutal choque, los buitres carroñeros han sobrevolado en manada sobre los 69 cadáveres aún calientes, intentando añadir un 70 del gobierno actual, de una manera miserable, sin guardar las mínimas reglas de ética política. ¿De verdad que, por muy críticos que seamos con este gobierno ante los fallos habidos en ese cruel accidente, vamos a dejar nuestro país en manos de estos canallas? Que la tragedia no beneficie en las urnas a los miserables. José Luis Úriz Iglesias, articulista en eldiario.es “El Partido Socialista gana aire y pierde escudo. Puente acaba de dar el paso que Alberto Núñez Feijóo nunca le exigió a Carlos Mazón después de la dana de Valencia, y que nadie, ni siquiera el PSOE, le planteó a la ministra Ana Pastor después de la tragedia de Angrois, el peor accidente ferroviario de España en los últimos ochenta años”. Enric Juliana, periodista, adjunto al director de La Vanguardia “La decisión sobre mi futuro la tomé los primeros minutos tras la tragedia. Un ministro de Transportes de un país como España no puede continuar en su cargo tras dos accidentes en menos de un año, por cuestión de dignidad”. Esas fueron tus palabras que, con la resonancia de un eco antiguo, de una época donde la política era un ejercicio de representación digno del que no avergonzarse, han detenido el tiempo y se han grabado en las mismísimas columnas del Congreso de los Diputados . En un escenario habituado últimamente al ruido de los insultos que ensucian nuestra democracia, tu renuncia no ha sido un simple paso al lado, sino un terremoto de integridad y de honestidad que ha sacudido los mismos cimientos del edificio. En la hora más oscura, cuando el peso del cargo encuentra su medida en la gravedad de una tragedia, elegiste el camino que casi todos evitan: el de la coherencia absoluta con la serenidad del que hace lo correcto. Tu salida se erige hoy como la mayor demostración de ética que han contemplado esas paredes en décadas. En un ecosistema donde la renuncia se interpreta como derrota, incluso como culpabilidad, y el poder se defiende desde el barro, nos has dado una última lección, arrojando tu propio futuro político al fuego antes que permitir que la dignidad de las instituciones se desgaste un solo milímetro. Espero que por poco tiempo. Ha sido el acto de una persona que entendió que el verdadero liderazgo no reside en resistir, sino en saber cuándo el honor exige la retirada. Tu figura se agranda en la memoria de este Parlamento, aunque tu marcha deja un vacío inmenso, el de lo que la política debería ser y raramente es. Su dimisión nos recuerda que la grandeza se escribe con r de respeto: por su presidente, su partido y sobre todo por su nación. Nos queda el recuerdo de su rectitud, pero también la cruda certeza de que los hombres de Estado son una especie en extinción en un sistema que prefiere la supervivencia al honor. La decencia se va, y ellos se quedan, aunque, como digo, espero que vuelvas. Necesitamos gente como tú. Porque, en los peores momentos, es donde se mide la verdadera dimensión de las personas. Has priorizado el respeto a las víctimas y a tu partido por encima de sus propias aspiraciones. Una salida dolorosa para Valladolid y para el Gobierno, pero impecable en valores. Un ejemplo absoluto de lo que significa la dignidad política. En un pa&
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