“De día veo bien, pero de noche cada vez conduzco peor”: las señales visuales que no debemos ignorar al volante

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“De día veo bien, pero de noche cada vez conduzco peor”: las señales visuales que no debemos ignorar al volante

Portada » “De día veo bien, pero de noche cada vez conduzco peor”: las señales visuales que no debemos ignorar al volante Con el reciente cambio de hora y los meses de otoño e invierno, muchos conductores vuelven a realizar de noche desplazamientos que hasta hace unas semanas hacían con luz natural. Regresar del trabajo, circular por carreteras poco iluminadas o enfrentarse a los faros de otros vehículos puede resultar especialmente incómodo para quienes empiezan a notar que su visión ya no responde igual que antes. Una situación que a menudo se resume en una frase muy habitual en los establecimientos sanitarios de óptica: “De día veo bien, pero de noche cada vez conduzco peor”. La conducción nocturna plantea, además, importantes desafíos para la seguridad vial. Los accidentes con víctimas registrados durante la noche, el atardecer y el amanecer representan cerca del 30 % del total, pero concentran casi el 40 % de las personas fallecidas. Así lo reflejan los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) correspondientes a 2019, cuando se contabilizaron cerca de 30.000 siniestros con víctimas en estas condiciones de iluminación . Unas cifras que ponen de manifiesto los riesgos de conducir con poca luz y la importancia de contar con una adecuada capacidad visual al volante. Ante esta realidad, el Colegio de Ópticos-Optometristas de Castilla y León ( COOCYL ) dedica a la visión nocturna y la conducción la segunda entrega de su campaña #TuVisiónTeAvisa , con la que busca ayudar a la población a reconocer cambios visuales que no conviene normalizar. “Hay personas que durante el día se desenvuelven con normalidad y, sin embargo, empiezan a notar dificultades cuando conducen al anochecer o de noche”, explica Alfredo Holgueras López , óptico-optometrista, doctor en Ciencias de la Visión e investigador del Instituto Universitario de Oftalmobiología Aplicada (IOBA) de la Universidad de Valladolid. Según señala, estos conductores no siempre se quejan de ver borroso : pueden necesitar acercarse más a una señal , tener dificultades para detectar peatones u objetos poco contrastados o experimentar una molestia creciente ante los faros de otros vehículos. Cuando estas situaciones se repiten, algunas personas comienzan a reducir la velocidad, a evitar carreteras desconocidas o poco iluminadas y a limitar sus desplazamientos nocturnos. Porque la realidad es que “una persona puede conservar una agudeza visual aparentemente buena y, aun así, presentar una peor calidad visual cuando las condiciones se vuelven más exigentes”, subraya Holgueras. La conducción nocturna exige al sistema visual adaptarse a una combinación especialmente compleja de zonas oscuras y fuentes luminosas intensas . Con menos iluminación, la pupila se dilata, disminuye el contraste disponible y pequeñas alteraciones ópticas que durante el día apenas se perciben pueden adquirir mayor importancia. Una graduación desactualizada, un astigmatismo sin corregir o una película lagrimal inestable pueden afectar a la calidad de la imagen. También determinadas alteraciones de la córnea, el cristalino o la retina pueden dificultar la visión en condiciones de baja iluminación. Con la edad, además, puede aumentar la dispersión de la luz dentro del ojo y hacerse más lenta la adaptación a los cambios de luminosidad. Uno de los aspectos más importantes es la sensibilidad al contraste , es decir, la capacidad para distinguir un objeto del fondo sobre el que se encuentra. De ella depende, por ejemplo, que podamos identificar a tiempo a un peatón vestido con ropa oscura, un ciclista o los límites de una carretera poco iluminada. Además, &ldq

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