No recuerdo la última vez que fui capaz de ver una película sin mirar una sola vez el móvil –tampoco en el cine, cuando desbloquearlo y deslumbrar con la pantalla a tu compañero de butaca puede ocasionar algún que otro roce–. Tampoco ese momento en el que podía esperar los 30 segundos de rigor que tarda un semáforo en ponerse en verde para cruzar la calle sin sacar el teléfono de mi bolso. Si ya abro el melón de mirar el móvil en mitad de la noche cuando me desvelo o al levantarme, tengo que reconocer que, aún sabiendo el daño que puede hacer ese gesto en pleno descanso –la neurocientífica Marta Romo confirma que la luz azul puede desplomar hasta un 55% tus niveles de melatonina – sigo repitiendo la praxis de mirarlo cual autómata. Los últimos estudios cifran en 221 las veces que lo chequeamos al día , aunque puede que en mi caso sean algunas más. Y, lo peor de todo, ni siquiera tengo un objetivo al desbloquear la pantalla. Lo hago de forma impulsiva y errática, intentando buscar un estímulo rápido que me de una recompensa ídem (a mí y a mi agitado cerebro ). La lectura relaja los pensamientos intrusivos, repara a nivel cognitivo y da un respiro al sistema nervioso. Y sí, también influye en la ansiada longevidad. Exploramos sus beneficios con psiquiatras, neurocientíficos y psicólogos Claro, todo esto tiene otras consecuencias, como el descenso de mis niveles de atención y concentración . De hecho, según un estudio reciente de Gloria Mark, de la Universidad de California, si en 2004 las trabajadores permanecían una media de dos minutos y medio en una misma pantalla antes de cambiar de actividad, años después ese ratio ha descendido a 47 segundos. Eso también explica que las campañas de publicidad cada vez sean más espídicas, ya que ciertas estadísticas afirman que las marcas tienen tan solo ocho segundos para captar la atención del consumidor. Con todo este escenario, que puede que te resulte familiar, hemos analizado qué le ocurre a nuestro cerebro para actuar de esta manera tan impulsiva. Y hemos recopilado algunas recomendaciones expertas para intentar dejar de mirar tanto el móvil y poder recuperar la concentración. “Por desgracia, nuestro cerebro no ha evolucionado para recibir tantos estímulos, novedades y recompensas inmediatas, y muchas aplicaciones aprovechan precisamente los mecanismos que nos llevan a buscar información, relacionarnos y anticipar recompensas”, adelanta la experta en bienestar María Abajo , fundadora del proyecto de bienestar Less & Conscious . Se habla mucho de cómo los teléfonos móviles activan rápidamente nuestros sistema de recompensa, de cómo generan esa dopamina rápida que, en cierta medida, engancha. Pero para María Abajo es algo más. “Cuando miramos el móvil de manera constante, activamos repetidamente mecanismos cerebrales relacionados con la motivación, la recompensa y la atención. La dopamina es un neurotransmisor que, más que generar placer, participa en la anticipación de recompensas y nos motiva a buscarlas . Lo interesante es que nuestro cerebro responde especialmente a la incertidumbre : cuando desbloqueamos el teléfono, no sabemos si encontraremos un mensaje importante, una noticia interesante o algo que nos guste, y esa posibilidad de encontrar algo nuevo nos impulsa a seguir mirando . Lo que a mí me preocupa realmente no es que nuestro cerebro busque recompensas, que es algo completamente natural, sino que nos hemos acostumbrado a recibir estímulos constantes y a responder inmediatamente a ellos, por lo que es casi imposible ya sostener la atención en una sola cosa y mucho menos tolerar el aburrimiento”, explica. Para Nico Fernández Miranda , experto en neurociencia aplicada a la productividad, cada una de esas interrupciones obliga al cerebro a cambiar de tarea y, posteriormente, recuperar el hilo de lo que estaba haciendo, de manera que esa tarea se queda flotando en la mente. “ Cada salto cobra peaje ”, dice. Y precisamente uno de esos peajes es terminar el día mentalmente a
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